jueves, 18 de junio de 2020

Reencarné como una piedra - v1 - Epílogo


Epílogo

Llegamos al pueblo. Aeldrya encontró un gran método para meterme sin que se me notaran. Sin duda, uno mucho mejor al que se me ocurrió a mí para Limy… Me hizo pasar por todo el pueblo pateándome. De tanto en tanto soltaba un grito a causa de que le metía una descarga del parasitar justo en el momento que su pie me tocaba. Todo el mundo la miraba, esto la enfadó y empezó a patearme más fuerte. Terminó siendo observada por todo el mundo como una loca peligrosa. Imaginadlo, una elfa con la cara completamente roja, los ojos medio llorosos y una extraña risa deformada, pateando una piedra por todos lados. Obviamente todo esto pasaba mientras Limy seguía moviéndose debajo de su ropa… Yo no tenía nada que ver con esa parte… lo juro...

Lo primero que hicimos fue ir a comprar ropa nueva para Limy. Fue un conjunto simple de típico “Aldeano A”, casi idéntica a la que había usado hasta el momento. Hecho esto, Limy salió de debajo las ropas de Aeldrya, transformándose de nuevo en la niña de pelo azul con coletas. Se pudo escuchar un profundo suspiro por parte de la elfa pervertida tras eso. Sinceramente, no sé si fue un suspiro de alivio o de pena… Luego fuimos directos a la posada.

—Como me vuelvas a dar un calambre te rompo en pedazos —me amenazó Aeldrya mientras me sostenía en la mano.

—Puedes soltarme ya. Me puedo volver a esconder dentro de Limy.

—No, ahora no te escapas de contarme qué eres.

—Si no hay más remedio...

Al final me tocó contarle algunos detalles. Evité toda la parte de que anteriormente fui humano y que era de otro mundo. Por suerte pude usar la mejor excusa para evitar hablar de todo lo demás: “¡No recuerdo nada!”. Aunque en realidad no le dije eso, simplemente le dije que mis memorias empezaban el día que desperté en este mundo. También evité la parte del núcleo de mazmorra, pero me daba la sensación de que esta elfa ya se imaginaba algo parecido tras todo lo que hablamos Limy y yo. Después de todo, no hay muchas cosas que permitan crear monstruos. Me miraba con la frente arrugada y una clara muestra de duda.

—Supongo que ahora que sabes la verdad lo mejor será irnos cada uno por su lado.

—No, de momento me acompañaréis de nuevo a Cerbalón. Limy, sea un monstruo o no, sigue siendo mi aprendiz. Si desapareciera en este momento quedaría bastante mal en el gremio.

—Supongo que tienes razón en eso.

—También hay muchas cosas más que quiero preguntaros. Luego decidiré qué hacer con vosotros. Pensaré en si puedo seguir teniendo a un limo como aprendiz o es mejor que os marchéis lo más lejos posible de la civilización.

—Supongo que no hay más remedio.

Por lo menos no nos atacó y no parecía tener intención de hacerlo. Aún así, no dejaría de estar atento por si decidía hacer alguna cosa en contra nuestro.

Antes de darnos cuenta ya había empezado a oscurecer. Aeldrya parecía agotada, quería ir a descansar lo antes posible. No solo ella, Limy también parecía estarlo. Por primera vez vi que se le cerraban los ojos y ponía cara de sueño. Ambas terminaron durmiendo nada más acostarse en la cama.

«¿Se supone que los limos duermen cada cierto tiempo?»

Aunque me preocupé bastante al verla dormir terminé calmándome. Se la veía dormir tan plácidamente que me quitó todas las dudas del cuerpo.

«Probablemente fue un día duro y necesita recuperar energías. Después de todo fue la que más daño sufrió. Dormir es parte de estar vivo.»

Me quedé en un lado de la habitación escuchando el leve sonido de la respiración de esas dos... aunque eso también me hizo ponerme bastante triste. Ambas respiraban… y aunque la de Limy fuera una respiración causada por la mímica y si dejara de respirar no haría diferencia alguna, seguía siendo como respirar. Yo era el único que no dormía, no respiraba, no comía... No había manera de que consiguiera sentirme vivo.

«No quiero morir otra vez… pero tampoco sé si estoy viviendo de verdad.»

Me quedé mirando la luna a través de la ventana de la habitación. No era distinta a la de la Tierra, eso era nostálgico.

«Ojala pudiera volver a ser humano.»

Aunque hubiera dicho que nos fuéramos cada uno por su lado no quería tener que abandonar de nuevo la civilización. Desde que llegué a este mundo había sido un no parar de sufrir. Ni uno de mis días se podía haber considerado normal. A duras penas había conseguido algo de relajación al llegar a esa ciudad... en la que también hubo bastantes problemas. Deseaba poder tener de nuevo una vida normal como la que cualquier otro humano tenía.

[Limy ha sido liberada de las limitaciones de creación.]
[Limy ha despertado la habilidad oculta: Fagocitar]

«¡¿Ah?!»

Aunque ser una piedra me había salvado de mostrar una expresión muy estúpida en ese momento.

«¿Qué demonios es esto?»

[Fagocitar: Otorga la probabilidad de aprender una habilidad de una presa consumida. Cuanto mayor sea la diferencia de nivel y rango, más baja será la probabilidad de aprenderla. No permite aprender habilidades incompatibles con la morfología del usuario.]

«Me cago en la niña… Nunca parará de sorprenderme.»

Suspiré en mi mente y luego puse una sonrisa algo triste.

«Por lo menos no me quedé solo.»

Volví a mirar a la niña limo con la que hacía apenas una semana que compartía mi camino, que me había dado tantos dolores de cabeza y a la vez había conseguido que la quisiera más que a mi propia vida. La propia niña que yo mismo creé.

«Bueno, quizás no sea tan malo ser una piedra.»


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