jueves, 18 de junio de 2020

Reencarné como una piedra - v1 - capítulo 26


26 - Moco superdopado

El limo medía por lo menos dos metros de alto y uno de ancho. Probablemente era incluso más largo, pero no lo podría decir con precisión. No podía ver absolutamente nada detrás suyo puesto que su cuerpo era completamente opaco. Si a eso le sumábamos la cantidad de tentáculos que se levantaban a su alrededor, parecía ser aún más colosal.

«Joder, esa cosa negra es enorme.»

[Limo negro: La especie más peligrosa e inteligente de limo. Tiene un gran apetito y devora todo lo que se le pone por delante. Comparado con los otros monstruos de grado 5 se trata de un monstruo bastante débil, pero es capaz de robar las habilidades de las presas que engulle y nunca para de crecer.]


«Tienes que estar de broma… ¡Débil mis cojones!»

Me quedé viendo al limo, completamente en shock. Sinceramente, no tenía la menor idea de la fuerza de un monstruo de grado 5, pero por lo dicho por Aeldrya debía ser descomunal. Quizás si se comparase a esta cosa negra con otro monstruo de ese grado, se vería débil a su lado, ¡pero no había manera que nosotros enfrentásemos a esa maldita cosa!

—¡Corre!

El grito de Limy me devolvió a la realidad. Aeldrya cayó al suelo a causa de su empujón y no parecía dar señales de querer levantarse. Al contrario, seguía temblando ahí mismo, sin pararse a mirar a la niña que había perdido los brazos por ella.

«Así no vamos bien…»

El limo no se detuvo. Seiguió avanzando lentamente hacia nosotros. Daba la sensación que ni le importara si esas dos intentaban escapar. Teniendo en cuenta la velocidad a la que atacó antes, debía tener total confianza en que no podrían hacerlo. La prueba de ello era que uno de sus tentáculos empezó a acercarse peligrosamente a esas dos. Se trataba de un tentáculo un poco más grande que el que usó para atacar. Su intención era clara, tragarse a las dos a la vez. Si se quedaban quietas serían su siguiente comida.

«Maldita elfa pervertida… Al momento de la verdad no vale para nada.»

Rodé a toda velocidad hasta ponerme delante suyo y, antes de que el tentáculo llegara hasta ellas, disparé una bala de viento. El tentáculo estalló en mil gotas negras que se esparcieron a nuestro alrededor… Suspiré aliviado al ver que había podido alejarlo… hasta que vi esas mismas gotas moviéndose de nuevo hacia el limo.

«Vamos, no me jodas.»

Y para terminar de dar problemas, Aeldrya seguía sin moverse. La única con quien podía confiar era Limy.

No se va a quedar quieto después de que le ataque. ¡Coge a esta pervertida y apártala de aquí antes de que lo haga!

—Pero maestro…

¡Hazlo te digo!

—Pero…

¡Déjate de pero y haz…! Mierda…

Otro tentáculo se disparó directo hacia Limy. Preparé otro disparo de aire y lo disparé sin dudar… esta vez a ella. La empujé tan lejos como pude. El tentáculo negro volvió a pasar justo por donde ella se encontraba anteriormente. No la alcanzó de milagro… y la elfa seguía sin moverse...

«A esta le iría bien tener mi resistencia a la demencia… ¡Reacciona maldita sea!»

¡Cógela de una vez!

—Entendido…

—¡Waaaaaaaaa!

De mala gana, Limy lanzó sus tentáculos hacia Aeldrya y la arrastró con ella… Y justo a tiempo, ya que el limo había vuelto a atacar.

—No Limy… No… ¡Aaaaaaa!

Sonidos raros empezaron a escucharse, pero los ignoré y centré toda mi atención en el limo. Preparé una bola de fuego y se la lancé. Al impactar contra él, el fuego apenas se expandió un poco. Pedir que su cuerpo ardiera como el petróleo era pedir demasiado, ¿verdad? En realidad las llamas se apagaron enseguida. Todo su cuerpo se tambaleó violentamente, haciéndome pensar que como mucho había conseguido enfadarle un poco.

—¡¿De dónde ha salido esa bola de fuego?!

… Aeldrya por fin había recuperado el sentido, tras ser atada por los tentáculos...

«¡¿A eso reaccionas, maldita pervertida?!»

Por lo menos se había levantado. Lo que me quedaba hacer era alejar toda la atención del limo de esas dos. Me preparé para ello y rodé hacia él. En respuesta, un tentáculo se enfocó en mí. Desde este, salió disparado un chorro de fuego como el que esperarías ver del aliento de un dragón. Salté hacia un lado lo más rápido que pude para poder esquivarlo, y aún así me rozó… Por suerte no me hizo nada... aunque dejó un rastro de tierra negra con llamas residuales por donde pasó. Reí irónicamente al pensar que me había dejado el culo negro...

«Lo que me hacía falta. Esto no se puede considerar un limo…»

Eso no era todo. Llamas, relámpagos, hielo, un extraño gas verde que secó toda la hierba que tocó. Montón de ataques que no parecían ser los de un limo seguían persiguiéndome. No podía hacer nada más que escapar. Tras darse cuenta de que no podía alcanzarme ni con habilidades ni magia pareció calmarse un poco.

«Esto me da un mal presentimiento.»

Gracias al Analizar magia pude notar como el poder mágico se concentraba encima suyo. Una esfera negra empezó a formarse. Intenté analizar detenidamente lo que estaba preparando, pero era tan complicado que no pude entenderlo bien con mi nivel actual de habilidad. Lo que sí que pude notar es que se trataba de un ataque con gran área de efecto.

—¡Maestro, escapa!

¡¿Qué haces aún ahí?!

Al echar la vista atrás me encontré de nuevo a esas dos. Ninguna había escapado. Al contrario, Limy corría a toda velocidad hacia mí. Aeldrya, al verlo, también empezó a ir tras ella.

—Si dispara esa magia no hay lugar al que podamos escapar. Destruirá todo a unos 200 metros alrededor suyo —dijo Aeldrya al ver la bola negra.

—Vaya par de idiotas estáis hechas… Ahora ya no puedo escapar yo...

—¡¿Quién dijo eso?!

Pero antes de encontrar respuesta, el hechizo del limo se disparó. Una onda expansiva negra empezó a acercarse a nosotros a toda velocidad. Imaginé un suspiro de resignación y me preparé para recibirlo. Un enorme muro se levantó delante nuestro. El ataque chocó contra este, retumbando aterradoramente justo enfrente mío. A nuestro alrededor todo empezó a desaparecer, consumido por la oscuridad.

—Me tocó gastar mi as en la manga por vuestra culpa…

Al calmarse el desastre, toda vegetación había desaparecido. Solo quedaba intacto lo que se mantenía justo detrás del muro.

 —En teoría se ha quedado sin maná. Ahora mismo no es nada más que un limo grande muy resistente… demasiado resistente...

—¿Acaso?

Aeldrya por fin pareció darse cuenta de mi presencia. Se había quedado mirándome con la boca abierta. Normal, ¿quién esperaría que una piedra hablara? Pues yo lo estaba haciendo... con un truco de por en medio. Lo primero que aprendí del viejo fue un hechizo llamado “Susurro de viento”. Una magia de viento simple, que permitía proyectar la voz para hablar a distancia. Básicamente era lo que contenía ese pergamino que usó para escuchar mi voz. Me hizo tanta ilusión poder hablar de nuevo que básicamente dediqué toda la noche que había pasado con él en aprender esta magia… Ahora me arrepentía un poco, debería haber aprendido algo más útil para esta situación.

—Limy… ¿Por qué no me has hecho caso? Ahora ya no creo que ese limo os vaya a dejar escapar.

Fuertes golpes se escuchaban al otro lado del muro. Teniendo en cuenta el tipo de monstruo del que se trataba debía tener bastante maná, con lo que era bastante improbable que lo consiguiera romper. Aún así, no tardaría en rodearlo.

—Maestro... soy tu monstruo… Mi deber es protegerte, ser tu fuerza. Aún así, soy débil... un simple y débil limo azul. Mi única fuerza es la que me diste al darme las capacidades de crecimiento de un élite. Aún así, mi límite de nivel es muy bajo y por mucho que lo intente no consigo aprender nada nuevo. Tampoco soy inteligente. Se me olvidan rápidamente las cosas. Soy un monstruo inútil que a duras penas puede usarse como escudo.

Empecé a rodar hacia el final del muro. Me paré justo al límite antes de volverme para hablar a esa niña tonta.

—Estúpida cerebro de gelatina… Nunca te creé para usarte como escudo. Tú no eres un simple y débil limo azul... Eres mi limo azul… Mi pequeña limo azul. Si pudiera dejar morir a mi hija tan fácilmente, ¿qué tipo de padre sería? Si alguien debe ser el escudo de alguien, ese debo ser yo.

—Pero, maestro, si tú mueres yo también moriré.

—Ya he dicho que no tengo intención alguna de dejarte morir ni mucho menos morir yo. No por nada me llamaban “el muro”, un muro que nunca antes fue derribado. 

Solté esa irónica frase al recordar el estúpido mote que me pusieron de pequeño después que hicieron una apuesta a ver quien era capaz de hacerme caer… nadie lo consiguió nunca… incluso intentándolo cuatro a la vez…

—Por lo tanto, tampoco moriré yo. Coge a esa pervertida y escapa hacia el pueblo. Nos vemos luego.

Terminé de salir del muro que había creado y enfrenté al limo negro de nuevo, que seguía acercándose sin dejar de golpear la pared ni un solo momento. Rodé lentamente hacia él, pero antes de darme cuenta, Limy volvió a aparecer a mi lado izquierdo.

—Me niego a correr.

—Lo que hay que ver… crecen tan rápido… Mi Limy ya está en la etapa rebelde de la adolescencia…

—No termino de entender ni creer lo qué está pasando aquí… Delante tengo un limo negro… Una piedra está hablando... Mi aprendiz resultó no ser humana...

Y Aeldrya también caminó lentamente hasta mi lado derecho.

—¿Tú también?

Asintió mientras reía con una risa irónica y miraba fijamente a Limy.

—Un un limo azul... Eso explica muchas cosas. Debería de habérmelo imaginado después de todo este tiempo y… de todo este tiempo...

—Qué vas a hacer, ¿atacarnos? Si tengo que enfrentarte a la vez que a ese limo negro lo haré sin dudarlo ni un momento.

—Normalmente lo haría. Sin embargo… he empezado a disfrutar un poco de su compañía…

—Y sus tentáculos…

—Y sus… ¡¿Qué estás diciendo?!

—Que eres una pervertida…

—¡No lo soy!

—Tu cara al estar atrapada entre los tentáculos de Limy no dice lo mismo.

—¡¿Y quién fue el que le enseñó eso?!

—… Buscar la culpa en los demás es muy feo…¡Eres una pervertida!

—¡Ese silencio lo dice todo!

—¡No quita que sigas siendo una pervertida!

Pero no era el momento de debatir quién era el auténtico pervertido entre nosotros dos… que sin duda era ella… Lo que necesitábamos hacer era encontrar una manera de sobrevivir a ese monstruo.

—Como sea… La opción de huir parece haberse esfumado. Aunque pudiéramos, me parece que no es buena idea dejar esta cosa suelta por el mundo.

—Opino igual… Aunque mis piernas aún tiemblan al mirarlo.

—Pues, ya que las dos sois tan idiotas como para quedaros a mi lado, por lo menos haced lo que os digo.

—Entendido.

—Hacerle caso a una piedra… También entendido.

Después de eso, Aeldrya cerró los ojos, tomó aire y lo soltó lentamente mientras acariciaba la empuñadura de esa daga que llevaba siempre con ella. Al abrir de nuevo sus ojos su rostro se había vuelto igual de inexpresivo que el de Limy, pero todo su miedo parecía haber sido reemplazado por determinación.

—Démosle una paliza a esta bola de alquitrán derretido.

Ambas asintieron. De esta manera, los tres nos lanzamos a la batalla contra el limo negro.

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