viernes, 12 de junio de 2020

Reencarné como una piedra - v1 - capítulo 24


24 - Un día de mierda

Reemprendimos nuestro viaje poco después del amanecer. Ya habíamos recorrido la mitad del camino más rápido de lo que pensábamos, así que probablemente llegaríamos a Clanara en como mucho un día y medio o dos... a menos que...

—¿De verdad quieres enfrentarte a eso tú sola?

—Sí.

De todos los monstruos que nos podíamos encontrar tuvimos que topar con probablemente el peor de todos los existentes.

—Entonces te los dejo a ti… ¡Yo no puedo con ellos!

Aeldrya se escondió detrás de un árbol mientras Limy enfrentaba al trío de enemigos que teníamos delante.

Pienso lo mismo que ella… ¡Déjate de tonterías y escapa a toda velocidad!

Maestro, no son tan peligrosos como parecen.

¡Su peligrosidad no es lo que me preocupa!

Tres malditos escarabajos de unos cuarenta centímetros nos bloqueaban el paso. A simple vista no se diferenciaban mucho de un escarabajo normal y corriente, a parte de por el tamaño. Tenían un cuerpo redondeado, completamente negro, con unas alas escondidas dentro de su caparazón, y sus patas delanteras parecían tener unas pequeñas cuchillas. No eran lo suficiente grandes como para cortar a alguien por la mitad, pero no hay duda de que podían hacer mucho daño si te alcanzaban.




Realmente no parecían muy peligrosos… ¡pero el problema no era ese! El problema estaba en...

[Laticollis gigante inferior: Un escarabajo monstruoso que lanza unas pelotas de extremadamente fuerte y desagradable olor para aturdir a sus enemigos y luego atacarlos mientras están desorientados.]

¡Eran un grupo de asquerosos escarabajos peloteros tamaño XXL!

¡No te quedes aquí parada! ¡Muévete ahora mismo!

Uno de los escarabajos se dio la vuelta y abrió su caparazón para mostrar sus alas… junto a lo que tenía justo debajo de estas... Con un sonido de “prrfff”, que me recordó literalmente a un pedo, nos lanzó una bola de color marrón directamente encima.

«¡Se supone que los escarabajos peloteros recogen estiércol, no que lo producen ellos mismos!»

Limy se apartó de su trayectoria a toda velocidad y empezó a acercarse a los escarabajos mientras la pelota de estiércol se estrellaba en el suelo con un sonido acuoso bastante desagradable.

—Hasta aquí llega el olor… —escuché decir a Aeldrya.

Al ver a la niña acercarse, los demás escarabajos se giraron y se pusieron a bombardearla todos a la vez. El camino no tardó en volverse un “campo de minas”. Me era imposible de imaginar la peste que hacía en el lugar… ¡y no quería imaginarlo!

Cuando Limy ya estaba bastante cerca como para atacar, los tres escarabajos emprendieron el vuelo y dejaron de lanzar mierda para ponerse a atacar con sus cuchillas. Mientras volaban alrededor de Limy la iban atacando por turnos. Se precipitaban del cielo e intentaban cortarla al pasar a ras suyo.

«Ahora parecen moscas cojoneras en lugar de escarabajos.»

No obstante Limy tenía relativamente buenos reflejos y no es que esos insectos fueran torpedos vivientes. Preparó la espada y les cortó las alas con facilidad, haciendo que se cayeran al suelo como si fueran pesos muertos. Luego de mantenerlos en tierra no le costó mucho acabar con ellos.

Terminado el trabajo, la elfa que se había pasado todo el rato escondida tras un árbol, se acercó mientras se tapaba la nariz.

—Buen trabajo Li... ¡Puaj!

Efectivamente, Aeldrya había pisado una mina… Una muy grande…

Llegados a este punto supongo que todos os estaréis preguntando lo mismo: ¿Nos hemos saltado una parte? Tranquilos ese no ese el caso...

***

A simple vista este viejo parecía una persona completamente normal, a la que uno no le prestaría ninguna atención. No obstante, la única vez en la que Helpy no pudo mostrar un estado fue cuando me enfrente a ese pajarraco. Una de dos, o este viejo era un monstruo terrible, o tenía alguna habilidad que le protegía de ser analizado… No sé cuál de las dos prefería...

—Que extraño, ¿estaré equivocado?

Me mantuve quieto mientras el viejo me observaba incesantemente. Estaba aterrado de que notara mis temblores y sudores… hasta que recordé que no podía temblar ni sudar… De todos modos, me preparé para un enfrentamiento inminente. Si había sobrevivido a esa mazmorra, un viejo no podía ser para tanto.

—¿Pero qué estoy haciendo? Solamente es una piedra que lanzaron unos críos. Me estoy volviendo paranoico con la edad.

Dejo salir un bostezo y se fue por la misma puerta que entró. Todo el miedo que había sentido desapareció en un momento, siendo reemplazado por una vergüenza que llenó mi cuerpo de arriba a abajo.

«¡Me he asustado de un maldito viejo chocho!»

Imaginando un suspiro de alivio, me dispuse a largarme de esa casa lo antes posible. El problema era saber por dónde escapar.

«Será largarme por la misma ventana que entré…»

Me preparé para pasar a través de la ventana que ese viejo había reparado en un instante. No le costaría mucho hacerlo de nuevo, ¿no es así? Por lo tanto, me disparé hacia ella y pas… quedé flotando justo a un centímetro de esta.

«Mierda… ¡Waaaaaaaaaaaa!»

Antes de darme cuenta estaba retrocediendo a toda velocidad. Terminé encima de una especie de pergamino con un extraño círculo e inentendibles letras dibujadas en encima. A su lado estaba el viejo, mirándome exactamente igual que antes.

«Me cago en el…»

—… viejo asqueroso loco de mierda de los cojones. ¡Que te jodan! ¿Acaso quieres que te meta un par de ostias? ¡Suéltame ahora mismo o te mando directo al hospi… tal!

El viejo me estaba mirando con los ojos entrecerrados mientras yo soltaba toda mi rabia, sin darme cuenta que mi voz estaba sonando a todo volumen dentro de la habitación. Solo lo noté cuando me fije en el círculo, que estaba brillando intensamente. Levantó un dedo sin dignarse a decir una sola palabra, encima del cual una enorme bola de fuego empezó a crecer hasta superar los 50 centímetros de diámetro.

—… Quisiera disculparme...

—¿Te creés que puedes engañarme?

—Ehm… esto… bueno… ¿engañarte sobre qué? Soy una humilde piedra que lanzaron un par de críos de mierda… Solo quiero volver a casa...

—Tengo una habilidad de evaluación. Puedo ver claramente que eres un núcleo de mazmorra.

—¡No porque yo quiera!

Poco a poco, la enorme bola de fuego empezó a desaparecer. Entendí al momento que pelear contra él no era una opción. La única manera de salir de esa era dialogando. Por suerte, como se suele decir, hablando la gente se entiende… Cuento como gente, ¿verdad?

—Tengo que admitir que eres un ser interesante. Nunca antes había visto un núcleo de mazmorra con tal capacidad de razonamiento, y tú pareces ser uno artificial. Tus habilidades y títulos tampoco son normales. Además tienes el título “Conquistador de mazmorra”, cosa que significa que has matado tú mismo a un núcleo.

Su capacidad de ver absolutamente todo de mí me aterró aún más. Intentar engañarlo tampoco parecía ser buena idea, así que decidí ir directamente con la verdad por delante.

—Me volví esto tras matar a uno...

El viejo empezó a rascarse su cabeza calva con sus huesudos dedos.

—Y antes, ¿qué eras?

—No quiero responder eso…

El viejo levantó el dedo otra vez. Sí, definitivamente tocaba ir con la verdad por delante...

—¡Una piedra! ¡Una simple piedra! Una piedra común y corriente… No sabes cuanto me jode recordarlo...

Levantó de nuevo una ceja, sin bajar el dedo.

—Y antes de eso un humano…

—¿Te estás burlando de mí?

—¡Por supuesto que no!

Al final terminé contándole toda la historia de mi vida. Le conté como nací en un pequeño hospital y me sacaron de culo porque no fui capaz de darme la vuelta para nacer de cabeza. En cómo me divertía de pequeño lamiendo enchufes por casa, y hasta sobre el día que me cagué en medio del patio de la escuela... Cuando volvió a encender la bola de fuego pasé directamente al día del accidente.

—Y así terminé siendo un núcleo de mazmorra en contra de mi voluntad.

—En todos mis largos años de vida nunca escuché nada tan descabellado como todo lo que me acabas de contar. 

—Aunque no me creas es la verdad…

—No es que no te crea. Todo lo que me has contado es demasiado rebuscado como para ser inventado en el momento y tampoco es la primera vez que escucho sobre alguien reencarnando. En realidad siento bastante curiosidad.

—Pues me alegro por ti… Yo me deprimo al pensar que soy una piedra...

—Por supuesto, a mí tampoco me gustaría esta en tu situación. No obstante, deberías pensar en cómo aprovecharla al máximo.

Ciertamente tenía sus pequeñas ventajas...

—Bueno… no me canso, no necesito comer y unas cuantas cosas más. Pero no tengo extremidades, y lo peor de todo, ¡no puedo cagar!

—¿Te tenías que fijar justamente en eso?

—De los placeres sin pecar, el mejor es cagar.

Al viejo le entró un tick raro en el ojo…Me recordó un poco a Aeldrya.

—A menos que tengas he…

—Sí, sí, me ha quedado claro.

Sin darme tiempo a decir nada más, me sacó de encima del pergamino y lo envolvió de nuevo. Me dio la espalda y empezó a caminar de nuevo hacia la puerta.

—No te quedes ahí quieto, sígueme.

Me lo pensé un poco antes de hacerle caso, pero al final decidí seguirlo. Pasé por la puerta para entrar en un oscuro pasillo. Rodé junto a él hasta llegar a unas escaleras que bajaban al primer piso.

—Por lo que vi eres un mago novato. Hay muchas cosas que se pueden aprender por uno mismo, pero las más avanzadas es imposible si no te enseñan.

Sin ese pergamino raro no podía hablar, así que solo rodaba a su lado en silencio. Cómo si intuyese mis pensamientos, siguió hablando.

—Teniendo en cuenta tu situación nunca encontrarás a nadie que te pueda enseñar los secretos de la magia. Llegará un momento en el que ya no podrás subir de nivel por ti mismo. No obstante tienes suerte, yo también soy un mago.

No puedo decir que no me lo hubiera imaginado. Al ver como arreglo la ventana, como me sujetó, y ese extraño pergamino, fue lo primero que pensé.

—Mentiría si dijera que me has caído bien de primer momento. Aún así, teniendo en cuenta que eres una piedra mágica, puede ser que tengas un gran potencial mágico. Si de verdad quieres ser un mago sería una pena que te atascaras nada más empezar.

«¿Y qué quieres que le haga?»

Terminamos delante de una pared al final de un pasillo del primer piso. Tras que el viejo la tocara se abrió y otras escaleras aparecieron. Al final de estas se encontraba una simple puerta cerrada.

—Por ahora déjame ver de lo que eres capaz. Luego decidiré si eres digno de heredar mis conocimientos.

Con una sonrisa confiada abrió la puerta y una sala se iluminó sola gracias a un montón de cristales blanquecinos. Quedé completamente sorprendido ante lo que tenía delante, una enorme habitación llena de libros y extraños artilugios rodeados de los mismos caracteres del pergamino, que brillaban con distintos colores. Sin duda alguna, ese era el paraíso de cualquier mago.

—¿Qué te parece? ¿Quieres que te enseñe magia?

Casi ni escuché lo que decía. Mi mirada no se apartaba de esa habitación.

—Cierto, déjame presentarme. Yo soy…

***

Bueno, puesto que nuestro viaje debía continuar no pude quedarme con él mucho tiempo. Por lo menos alcancé a aprender un par de cosas útiles en apenas una noche y, aunque simplemente se podía considerar lo básico de lo básico, para mí fue un gran logro. Al final nos hicimos bastante amigos y hasta terminé considerándolo mi maestro. También acordamos vernos de nuevo cuando termináramos lo que teníamos entre manos con Aeldrya. Solo necesitaba tener un poco de paciencia para poder seguir aprendiendo cosas interesantes sobre la magia.

«Ya quiero regresar a Cerbalón… Espero no tener problemas para contactar con él.» 

Mientras recordaba lo ocurrido la noche anterior, nuestro viaje avanzó sin muchos problemas. Aeldrya hizo un par de paradas para recolectar algún que otro material y dejó a Limy pelear con un par de monstruo fáciles más, aunque no fue suficiente para que subiera de nivel. Que ganara la mitad de experiencia que los demás realmente se notaba, pero no es algo que me preocupara mucho. 

A mitad camino nos desviamos un poco y esa noche tocó acampar. Tengo la sensación de que había algún pueblo cerca, pero la maldita elfa pervertida optó por dormir a la intemperie con la excusa de que Limy debía aprender lo que era dormir al aire libre, aunque tampoco es que Limy durmiera mucho… Y bueno, a media tarde del siguiente día ya se pudimos ver casas en la lejanía.

—Ya hemos llegado.

Desde lejos no parecía muy distinto al otro, así que no entendía exactamente qué veníamos a buscar en él. Por lo tanto le pedí a Limy que preguntara.

—En el pueblo no buscamos nada en concreto. Aprovecharé para hacer un par de compras, pero vinimos básicamente para alojarnos mientras nos centramos en encontrar nuestro verdadero objetivo.

—¿Cuál es?

—¿Ves esas montañas a lo lejos?

—No.

—... Esas montañas son ricas en minerales metálicos. Dónde hay abundancia de metales hay limos metálicos.

—Limos… metálicos.

—Sí. Son unos limos bastante extraños. Su cuerpo es gelatinoso como el de los demás, pero tan duro como el acero. Vamos básicamente a por sus núcleos, aunque su cuerpo también nos puede ser útil.

—Entendido.

Noté un poco de alteración en Limy al verla dirigir su inútil mirada hacia las montañas. 

—Vamos a descansar por hoy y prepararnos. No sé cuánto nos costará encontrar alguno. Si tenemos suerte en un día o dos habremos terminado y podremos regresar, pero no son monstruos fáciles de encontrar. Probablemente tendremos que pasarnos varios días explorando la montaña. Vete mentalizando, mañana será un día bastante duro.

Tras entrar al pueblo y hacer algunas compras buscamos una posada. Encontramos una tan simple como la del anterior. Las camas tampoco eran gran cosa, pero Aeldrya se acostó temprano y quedó dormida enseguida… Sería la costumbre de un aventurero veterano para recuperar fuerzas y poder madrugar lleno de energía… Eso, o simplemente el intentar dejar agotada a Limy le pasó factura a ella…

«Otra noche aburrida… Limos metálicos, ¿eh? Helpy, cuéntame un poco sobre ellos.»

[Limo metálico: Una especie rara de limo. Se encuentran en lugares con altas concentraciones de minerales metálicos y se alimentan de ellos. Su cuerpo, a pesar de mantener su estado viscoso, es tan duro como el acero.]

«¡¿Comen minerales?! ¡¿Acaso pueden disolver piedras?!»

[Pueden disolver piedras.]

«Este monstruo es peligroso, muy peligroso… Los limos parecen un mundo aparte…»

Limy, parece que esos limos son bastante fuertes. Los limos en sí ya son inmunes al daño físico, y estos de paso parecen ser duros como el acero… Creo que lo mejor será dejar que esa elfa se encargue de todo y nosotros mantenernos al margen.

Maestro, puedo luchar.

Su grado es bastante mayor al tuyo, y aunque los pudieras enfrentar, todas tus habilidades son físicas; no les harías nada.

Limy también era inmune a los ataques físicos, pero eso no significaba que esos limos no le pudieran hacer nada. Había una cosa que me preocupaba muchísimo. 

«Helpy, ¿los limos metálicos le podrían hacer algo a un limo azul?»

[Es común durante las peleas entre limos del mismo grado que se intenten devorar entre ellos ya que no se pueden hacer daño mutuamente. El ganador suele terminar agregando parte de la masa del perdedor a la suya propia y crecer. Los limos metálicos son monstruos de grado 3. Si un simple limo azul se cruzara con alguno se volvería un simple aperitivo insignificante para él.]

«Me lo imaginaba… Realmente los limos son un mundo aparte...»

Limy, definitivamente no puedes acercarte a limos más fuertes que tú… No quiero que te coman…

Entendido…

Mientras Aeldrya seguía durmiendo como un tronco, Limy y yo estábamos cada uno perdido en sus pensamientos. Antes de darnos cuenta la mañana ya había llegado...

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