martes, 18 de agosto de 2020

Reencarné como una piedra - v2 - Capítulo 1

1 - Conocimiento general


Conseguimos llegar a Cerbalón antes de que se pusiera el sol. Seguimos a la elfa pervertida sin rechistar hasta su casa. Después de asegurarse de que la puerta estuviera bien cerrada se sentó en un lado de la mesa del comedor e hizo sentar a Limy en el otro lado. Obviamente, yo terminé encima de la mesa, aguantando la punzante mirada de Aeldrya. 


—Una piedra viviente y un limo azul que se hace pasar por una niña humana… No hay manera de que pueda entender qué os pasa por la cabeza.


—Simplemente quería vivir como lo hace un simple humano.


—Iré donde el maestro vaya.  


—Eso de maestro… ¿Eres algo así como un maestro de mazmorra?


—Bueno… no exactamente… Más bien… directamente soy la propia mazmorra.


Aeldrya se derrumbó encima de la mesa. Después de pasar unos instantes de meditación con la cara completamente pegada en la madera, se levantó sujetándose la frente.


—¡¿Cómo que la propia mazmorra?! —gritó como una loca.


—Soy un núcleo de mazmorra… o algo así...   


—Y Limy es un limo azul.


La elfa se quedó unos segundos observando a Limy con los ojos entrecerrados.


—¿No es muy fuerte para ser simplemente un limo azul?   


—La creé como una élite, probablemente sea por eso. 


De nuevo la elfa se desplomó sobre la mesa y siguió hablando sin despegar la cara de encima.


—Un limo azul élite y un núcleo de mazmorra… Me pregunto qué pasaría si te destruyera…


Apenas dijo eso, Limy me cogió y me apartó de ella.


—No dejaré que le hagas nada al maestro. 


—Tranquila, no le haré nada. Escuché que por romper un núcleo de mazmorra uno gana muchas cosas. Simplemente me preguntaba si sería verdad o no. 


—Bueno… —murmuré. 


—De todos modos no importa. Hay mucha gente que lo cree y daría lo que fuera por romper uno. Es más, los núcleos de mazmorra se protegen creando mazmorras llenas de trampas y monstruos justamente por eso. Me parece irreal que haya un núcleo de mazmorra que en lugar de eso se dedique a viajar por zonas habitadas acompañado por un limo azul. 


—Tengo un trauma con las mazmorras, ¿algún problema?


—Si alguien te descubre estás muerto. 


—Con que no me descubran es suficiente. Si no tengo una mazmorra nadie entrará a destruirme y por mi aspecto no hay manera de que sepan lo que soy. ¡El mejor escondite está entre tus enemigos! 


—Hay artilugios capaces de detectar núcleos de mazmorra y gente con capacidades de análisis que podrían saber tu estado con solo mirarte… Aunque por suerte no hay por esta ciudad —susurró esa última parte, como si se la dijera a sí misma.


—Mierda… ¡¿Por qué destruir mazmorras, acaso no son un buen lugar para entrenar y sacar tesoros?!


—Y también una puerta de entrada para los demonios.


—¿Demonios?


—¿De verdad no sabes nada sobre ti mismo?


—Pues… En realidad no sé absolutamente nada de este mundo...


Un suspiro de resignación hizo eco en la sala.


—Está bien, déjame explicarte un poco sobre lo que llamamos mazmorras. Se suele llamar comúnmente mazmorra a una zona del espacio deformada por los llamados núcleos de mazmorra. Los núcleos de mazmorra son unos extraños monstruos capaces de deformar el espacio que les rodea a su antojo e incluso dar vida a todo tipo de monstruos. Esos son llamados núcleos de mazmorra naturales. 


—¿Qué quieres decir con naturales?


—Estos núcleos son como otros monstruos. Aunque no son muy inteligentes, tienen su propia conciencia e instinto de supervivencia. Nada más nacer empiezan a crear una mazmorra por sí mismos para protegerse.


—¿Y con esto quieres decir que también hay núcleos artificiales? 


—Correcto. No se sabe mucho sobre cómo aparecieron. Algunos creen que al ver la capacidad de estos monstruos, algunos iluminados con pocas luces intentaron copiar sus habilidades, otros creen que simplemente aparecieron por culpa de algún experimento fallido… En realidad hay muchas teorías, pero la más aceptada es que simplemente los creó un demonio muy poderoso con la intención de intentar controlar la vida en sí misma. Estos núcleos están hechos con materiales como piedras mágicas y no poseen conciencia alguna. Son simples herramientas que requieren de alguien para funcionar, un maestro de mazmorra.


«Ya veo… así que me convertí en un núcleo de mazmorra porque me robé algo de ese núcleo…»  


—Bueno, si alguien lo controla puede ser beneficioso.


—El problema es que alguien lo podría usar para invocar demonios.


—No entiendo qué quieres decir con eso. ¿No son simples monstruos que podemos crear? 


—No exactamente… Los demonios no son monstruos, pero son un peligro mayor a estos.


En ese momento me vino en mente la típica imagen del demonio común que todos tenemos en la cabeza. En otras palabras, la típica mujer ligera de ropa con alas y cuernos. Sí, sin duda alguna, una existencia peligrosa.


—¿Dónde están ahora mismo esos demonios?


—Fueron encerrados en otra dimensión, de tal forma que, incluso con la magia más poderosa, nadie fuera capaz de entrar o salir de ella. No obstante, los núcleos de mazmorra tienen poder suficiente para acceder ahí y liberar a un demonio. Es por eso que se busca destruir todos los núcleos de mazmorra, para evitar que puedan ser usados con la intención de invocar a esos demonios. 


—Ya veo… ¿Quién los atrapó allí?


—Se juntaron una gran cantidad de especies y razas distintas, formando un gran ejército liderado por los más fuertes de cada una. Persiguieron a los demonios hasta tenerlos arrinconados en un mismo sitio y usaron algún tipo de magia para encerrarlos en otra dimensión, una magia tan poderosa que dejó una marca eterna en el lugar. Mientras que una parte de la tierra desapareció por completo en otra dimensión, la resta se adentró en el mar, dividiéndose en grandes islas… Pero eso pasó hace casi mil años y ya no hay muchos que lo recuerden. La única evidencia de que eso pasó es la tierra fragmentada en medio del mar. La mayoría quedó en leyendas que casi nadie cree, a excepción de los que lo vivieron.


Me quedé mirando fijamente a la elfa. Acababa de recibir una información que me costaba procesar...


—Mil años… ¡¿Tienes mil años?!


—¡¿Me ves cara de tener esa edad?! —Aeldrya golpeó la mesa con todas sus fuerzas. 


—Prefiero no decir de que te veo cara...


—¡Al menos tengo cara! Conozco todo eso por mi padre, él tenía apenas 200 cuando todo eso ocurrió. De pequeña me contaba historias de sus batallas contra los demonios en Silrasel, y de cuando atacaron Sabnuria.


«Joder, ¿cuánto vive un elfo?» 


[La vida media de un elfo es de entre 1000 y 1500 años. Varía dependiendo de la raza.]


«¡Oh!, gracias por la información.» 


Después de suspirar nuevamente se quedó mirando al techo, pensativa. Tenía una expresión bobalicona, con una sonrisa melancólica.


«Mientras termina su viaje al país de los recuerdos... o de las perversiones… Helpy, dime qué son ese tal Silrasel, Sabnuria y todo esto.» 


[Silrasel: Antiguo país formado por los Sabnuriali.


Sabnuriali: una raza de elfos con altas capacidades mágicas. Al tener un estilo de vida más similar al de los humanos que al de los demás elfos, dejaron los bosques y empezaron a construir un vasto y próspero país en el norte del continente de Brifvia. Fueron bastante mal vistos por sus congéneres y empezaron a formar frágiles vínculos con los humanos, abandonando por completo el estilo de vida tradicional de los elfos.


Sabnuria: Capital de Silrasel, fundada con ese nombre en honor a su raza. Durante mucho tiempo, la sede central del conocimiento mágico de todo Kabtiaf y a la vez la ciudad más desarrollada en este campo.]


«Ya veo… Supongo que para saber más tendré que preguntarle directamente a ella.»


—Deja de pensar en perversiones y regresa con nosotros.


—¡Ah, perdón!


«No negó lo de las perversiones…» 


—A lo que estaba, no importa si todo eso quedó en leyendas, se estableció casi como obligatorio destruir todo núcleo de mazmorra que se encuentre. No se consiguió encerrar a absolutamente todos los demonios, así que aún los hay que siguen buscando y creando núcleos de mazmorra para liberar a sus congéneres. La mayoría de las mazmorras que se encuentran están controladas por demonios. Sorprendentemente, todos parecen tener un don especial para gestionarlas, por eso la teoría de que fue un demonio quien creó el primer núcleo artificial es la más aceptada. Ninguna otra especie es capaz de igualarlos por mucho que se esfuerce… Aunque quizás eso sea algo bueno...


—¿Los demonios son como humanos rojos con cuernos y cola?


—Algunos son así. Son la especie con más subrazas que existe. Encontraras de todo tipo y formas distintas. Ni siquiera conozco cuántas hay...


A partir de ahí empezó un no parar de preguntas. Descubrí que este mundo era llamado Kabtiaf. Entre los seres que lo habitaban había una gran diferencia, los que tenían núcleo mágico y los que no. Los sin núcleo eran básicamente los animales comunes y los llamados lyudnens, o los que podríamos categorizar como “personas”.


Los lyudnens se diferenciaban en: humanos, elfos, enanos, hombres bestia, hadas, tritones-sirenas, reptilianos y finalmente entomorfos... Estos últimos eran insectos con forma humanoide o casi humanoide… Algo que no me parecía muy agradable de ver, sobre todo al tener en cuenta que algunos no tenían mucho problema en comer humanos, elfos, o lo que fuera que se les pasara por delante.


Los demonios eran algo a medio camino entre los monstruos y los lyudnens. No entraban dentro de la categoría de monstruo, pero poseían algo parecido a un núcleo mágico en su cuerpo. A causa de eso, se les dejó simplemente como demonios.


En otra categoría completamente distinta se encontraban los no-muertos. Seres que se negaban a abandonar el mundo de los vivos a pesar de estar muertos y cadáveres controlados por necromancia. Vamos, algo que le cerraría a uno el ojete durante días si se lo encontraba debajo de la cama…


También pregunté sobre el lugar en el que nos encontrábamos. Aeldrya no tardó en ir a buscar un mapa. Lo abrió en medio de la mesa y empezó a contarme un poco sobre el país.



Este país era un gran imperio, Aurusia, que estaba dividido en distintas regiones. Nosotros nos encontrábamos en un condado conocido como Talucay. La ciudad de Cerbalón era su capital.


—Bien, ahora que ya conoces tu situación, te aconsejo que te marches, crees tu propia mazmorra y la ocultes lo mejor posible.  


—¿Me estás diciendo que me vaya de la ciudad?


—Sí, mañana iré al gremio y les diré que Limy deja de ser mi aprendiz. Luego os marcháis sin hacer mucho ruido.


—No quiero dejar de ser aventurera —interrumpió Limy.


—Si alguien descubre lo que eres te atacarán sin dudarlo. Ese es el peor lugar para un monstruo.


—Yo no veo gran diferencia entre estos tales lyudnens y un monstruo —contesté yo.


—¿De verdad escuchaste todo lo que dije?


—Por supuesto. Según has dicho, la única diferencia es esa tontería del núcleo. Fíjate bien, ¿acaso Limy no se ve idéntica a una niña normal? Además está peleando a tu lado contra monstruos. No todos los monstruos tienen por que ser malos. Por ejemplo, si los humanos atacaran Silrasel y los monstruos se pusieran del lado de los elfos, ¿no sería bueno aceptar su ayuda?


—Los humanos nunca atacarían Silrasel —Aeldrya me interrumpió bruscamente.  


—¡¿Qué te hace estar tan segura de eso?!


—… Silrasel ya no existe... cayó hace 200 años, no hay nada que atacar.


—Ah… Lo siento pues.


—Ni te preocupes... Apenas tenía unos 50 años cuando todo eso pasó. No siento mucho aprecio a ese país… Aunque debo admitir que Sabnuria era una ciudad impresionante. Los cristales mágicos llenaban las calles con sus colores y luces brillantes. Las casas se levantaban imponentes más de 20 metros. Carreteras completamente pavimentadas con ladrillos perfectamente alisados, por los que viajaban todo tipo de carruajes magníficos…


Otra vez pareció perderse en el país de los recuerdos mientras hablaba sola. Me tocó sacarla del trance o probablemente se hubiera tirado horas así.


—Pues para decir eso lo pareces recordar muy bien… Y bueno, ¿qué pasó? ¿Lo arrasaron los no muertos?


—No digas tonterías. Por supuesto que no. Cayó…. por... problemas internos…


—Ahm, bueno… ¡Pero eso no es lo que quiero decir!


—¡Sé perfectamente lo que quieres decir! —Aeldrya volvió a golpear la mesa con fuerza— ¡Igualmente, no puedo dejar que un monstruo campe a sus anchas por Cerbalón!


—¡Limy no les hará nada a los habitantes! Limy, ¿a que te encantan los humanos?


—Son una buena comida —Limy asintió.


—¡Eso no es lo que debías decir!


—¡¿Me tengo que fiar después de escuchar eso?!


—¡Aaaaaaaaaaa! ¡Has estado con ella más que suficiente como para darte cuenta de que no pasará nada!


—¡No hace ni una semana que la conozco!


—¡Es suficiente!


Otra vez empezó una discusión entre nosotros dos mientras Limy seguía a un lado sin decir nada. Tras como diez minutos discutiendo, di con algo con lo que no podría negarse a dejar que nos quedáramos.


—¡Si nos echas te quedas sin tentáculos!


—¡No me salgas con esto ahora!


—¡No Limy, no tentáculos!


 —¡¿Qué se supone que significa eso?! 


—No más tentáculos para ti…


Después de un par de minutos más intercambiando gritos, Aeldra cayó abatida encima de la mesa una vez más.


—Yo solo quería una vida tranquila, en la que no destacara mucho… ¿Qué hice para merecer esto? 


—Ser una pervertida.


—¡No quiero escucharte más! ¡Haced lo que queráis!


Levanté un pulgar imaginario hacia Limy, que asintió en silencio. Nadie me gana en una discusión.


—Está bien, os podéis quedar. Pero si alguien os descubre yo no sé nada. Os las apañais solitos, y más os vale no meterme en medio.


Aeldrya se levantó de la silla y emprendió camino hacia las escaleras. Justo antes de cruzar la puerta se giró un momento y se quedó mirando fijamente a Limy durante un par de segundos antes de continuar caminando.


—Tenía que ser justamente un limo… —apenas le escuché decir. 


Y con lo que parecía ser una jaqueca impresionante, la elfa pervertida se fue a dormir. Limy y yo nos quedamos solos en la habitación. 


—Vamos Limy, hay algo que quiero ver.


—Entendido. 


Nos dirigimos hacia las escaleras, pero pasamos de largo las que llevaban hacia el piso de arriba, por las que se fue la elfa. Esta casa tenía un pequeño sótano. En ese lugar, Aeldrya guardaba todo tipo de trastos, muchos siquiera entendía lo que eran. Alumbrando con una pequeña vela que Limy sujetaba, nos adentramos en él.


—Este lugar tiene toda la pinta de inundarse cuando llueve.


Esa casa no parecía tener cimientos, así que todo lo de detrás de la piedra que formaba las paredes era la misma tierra de las calles de la ciudad.


—Aquí es un buen lugar.


—¿Para qué, maestro?


—Me ha dicho que lo mejor sería hacer una mazmorra, ¿no es así? Pues he decidido hacerle un poco de caso. ¡Voy a construir una aquí mismo!


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