miércoles, 27 de mayo de 2020

Reencarné como una piedra - v1 - capítulo 17


17 - ¿Un limo esclavizado?

Nos llevaron a una casucha en mal estado. Ese hombre asqueroso le puso un collar medio oxidado a Limy y lo ató con una cadena a una pared de una celda improvisada. Luego de asegurarse que no podría escapar por ningún sitio se fue a hacer vete a saber qué. Cuando por fin se pasaron los efectos de la parálisis ya era demasiado tarde.

Mi pobre Limy… reducida a simple mercancía apenas tres días después de nacer… Es todo por mi culpa… Si yo no…

—Maestro, no pasa nada.

¡¿Cómo no va a pasar nada?! ¡Es horrible!

—Pero maestro, yo no…

No intentes consolarme. Tengo que asumir la responsabilidad de mis actos. Si no hubiera querido venir a la ciudad o no te hubiera arrastrado conmigo tú no estarías así.

—Maestro, te digo que no debes preocuparse por este collar. Soy un limo.

¡No importa lo que seas! Tú sigues siendo… Eso en tu mano es el collar, ¿verdad?

Cuando por fin me fijé, vi que tenía el collar en su mano como si no pasara nada.

—Soy un limo, para quitármelo simplemente necesito hacer esto.

Limy se cogió de las coletas y tiró de su cabeza hacia arriba, separándola de su cuerpo. Para alguien que no conociera su naturaleza fangosa habría sido un susto importante...

¡Dímelo antes! ¡He estado todo este tiempo preocupándome!

—Es lo que intentaba, maestro.

Debo aprender a callar cuando toca… Vamos a salir de aquí de una vez.

Limy pasó por entre los barrotes y se dirigió hasta la puerta. Un perro nos esperaba delante. Nada más nos vio salir empezó a ladrar como un desesperado… ya podéis imaginar como terminó… Sentí algo de pena... ¿Se considera maltrato animal?

Tras la puerta se extendía un pasillo oscuro en el mismo mal estado que la habitación. No era muy largo y al final de este se podían ver unas escaleras. Más o menos ya nos podíamos imaginar en qué tipo de casa nos encontrábamos, un edificio abandonado de los suburbios. No podía ser muy grande, y como mucho tendría un par de plantas.

Lo recorrimos en un momento, pero antes de subir vimos otra puerta. La abrimos para ver el interior y obligué a Limy a cerrarla en menos de un segundo. Era otra sala transformada en una celda, que obviamente no estaba vacía. Cuatro niños estaban cautivos dentro, del mismo modo que lo estaba Limy momentos antes.

Ese tipo es de lo peor. Limy, vamos a buscarle y a ver si podemos encontrar las llaves de la celda para sacar a esos críos.

—Entendido, maestro.

Subimos por las escaleras. Al final de estas encontrarnos la planta baja. Nos habían encerrado en un maldito sótano… Aunque supongo que era el sitio normal para improvisar una prisión.

Empezamos a abrir puertas al azar para ver si lo encontrábamos en algún sitio. Las habitaciones no eran nada del otro mundo. Quitando un par que parecían estar preparadas para torturar, donde todo tipo de cadenas y grilletes adornaban las paredes, eran simples habitaciones vacías llenas de polvo… pero él no estaba en ellas.

¿Habrá dejado la casa?

—Un momento maestro. Noto su presencia.

¿Notas su presencia? ¿Acaso tienes una habilidad para eso? No sale en tu estado...

—Es una habilidad innata de los limos. Nos guiamos por el maná y sentimos el entorno con eso. Puedo notar formas de vida a menos de 10 metros con facilidad y precisión.

«Cierto… Recuerdo haber leído algo parecido en la descripción del limo… Por culpa de eso atacó a una piedra…»

Nos dirigimos directamente hacia una habitación que se encontraba al fondo a la derecha. Entramos dando un portazo.

¡Prrrroooop! ¡Prrruifff! ¡Pfffff!

Y sí… al final lo encontramos…

—¡¿Quién demonios?!

… sentado en el retrete.

¡¿En serio nos lo teníamos que encontrar cagando?! ¡Cierra la puerta y espera a que termine! ¡No quiero ver más rato esta escena!

Cerramos la puerta y esperamos a que terminara su trabajo… pero salió disparado aún subiéndose los pantalones y con un trozo de papel pegado en el culo… No escuché que tirara de la cadena… aunque probablemente directamente no había cadena.

—¡¿Cómo escapaste?! ¡¡¡¿Cómo te quitaste el collar?!!!

Aparta un momento Limy, quiero hablar con él.

Me planté delante de ese hombre. Tenía tantas ganas de decirle de todo… pero se me olvidó que no podía hablar… El resultado fue... una simple piedra que rodó justo delante de sus pies y se paró delante suyo tontamente.

—¿Qué es esto? ¿Una piedra?

Ignorándome por completo, me pateó de regreso hacia Limy. Le dio directamente en la cabeza y reboté a su lado… Ella ni se inmutó ante eso… Por un momento me morí de vergüenza, pero la rabia me hizo volver en mí rápidamente.

—Es igual, te encerraré de nuevo.

Desenfundó una espada que llevaba consigo y se dispuso a enfrentar a lo que a ojos de un tercero sería una niña medio desnuda completamente desarmada.

«¿Para qué lleva una espada mientras caga? ¿Es normal en este mundo? ¡¿Acaso hay peligros en el váter?!»

[Acabáis de demostrar que sí.]

«Pueeeeeesssss... Supongo que tienes razón…»

Se acercó corriendo a Limy con la espada, meneándola de un lado a otro. Yo no estaba preocupado. Esa arma no le haría daño alguno y tampoco parecía querer usarla de verdad. En lugar de atacar cogió a Limy del cuello de la camisa y le puso la espada en la garganta, amenazándola.

«¡Ni se te ocurra tocar a mi hija!»

Me disparé directo a su estómago. El daño fue claro, ya que soltó a Limy instantáneamente y su cara mostraba claros signos de dolor. Aún así no soltó la espada. Como se suele decir, un guerrero que se aprecie nunca suelta su espada… aunque este no lo era...

—¿Cómo mierda?

Me acerqué otra vez, rodando lentamente. Por fin tomé toda su atención. Sudaba intensamente a causa del dolor y también por lo que parecía ser algo de miedo.

—Esto es una piedra… ¿Qué demonios pasa con ella? ¡¿Qué hiciste niña?!

—Es mi maestro.

—¡¿Tú qu…?!

Antes de que terminara de hablar me disparé de nuevo directo a su cara. Le golpeé en la boca y le hice saltar un par de dientes. Me miró entre lágrimas, con odio. Luego atacó con la espada, aunque esquivarla fue muy fácil. Seguí golpeando su cara hasta que se parecía a la de un boxeador después de una pelea de más de diez rondas… multiplicado diez veces.

Ya me desahogue. Te lo dejo a ti Limy... ¡No uses ese tentáculo pervertido! ¡Por lo menos no contra un hombre!

—Entonces usaré una espada como él.

Puso su mano debajo de su falda, que no era más que un trozo de la misma camisa, y sacó una espada de su espacio interno… Tanto ese tipo como yo nos quedamos sin palabras…

¡¿Tenías que sacarla justamente por ahí?!

—No puedo sacar nada a través de la ropa.

¡Pues sácalo de un brazo mismo! ¡O de la cabeza! O… ¡O yo qué sé! ¡Pero de ahí justamente no!

Era una de las espadas de esos atracadores. A pesar de no ser una gran arma, se la hice guardar por si llegásemos a necesitarla.

Con total calma, Limy se acercó a ese hombre y levantó la espada. Lanzó un tajo vertical más que predecible. Obviamente, ese hombre la paró con facilidad al levantar la suya con las dos manos. No obstante, la fuerza del golpe de Limy empujó su espada y le alcanzó en la clavícula. Puesto que no estaba muy afilada la herida apenas se podía considerar un rasguño.

—Co… co… co… ¿cómo puede tener tanta fuerza una niña de apenas once o doce años? ¡¿Qué demonios eres?!

—Un limo azul.

Lo siguiente que ocurrió dejó de ser apto para todos los públicos… Ah, y claro está, se lo comió… Esta vez se lo dije yo.

Parece que ese guardaespaldas o lo que fuera no está en la casa… Una pena, también quería tener unas palabras con él… Como sea, vamos a buscar las llaves y liberar a los niños de abajo.

—Entendido, maestro.

Pero nada más dar media vuelta escuchamos un fuerte golpe y el sonido de algo rompiéndose, seguido de los pasos de alguien corriendo. El autor no tardó en aparecer.

«Esto es algo imprevisto…»

Era una mujer que aparentaba estar en sus tempranos veinte. Su cabello era rubio platino y sus ojos morados. Llevaba puesta una cota de malla brillante encima de una camisa que parecía hecha de cuero, al igual que sus pantalones. Calzaba unas botas largas de aspecto bastante resistente, típicas de montaña. Desde su espalda se asomaba un arco y por detrás de su cintura un carcaj lleno de flechas junto a una pequeña daga al otro lado. Su mano también empuñaba una espada que, a diferencia de la de Limy, parecía de muy buena calidad. Eso sí, lo más característico eran sus orejas.

Aunque su aspecto fuera parecido al de un humano, esas orejas y color de ojos no se parecían en nada a todos los que había visto. Es más, si mis conocimientos de seres inexistentes no me traicionaba, solo había una especie con esas características orejas largas y puntiagudas. La inspeccioné enseguida para asegurarme.


«Mira por donde, una elfa salvaje ha aparecido… ¡Y es muy fuerte!»


Revisó por completo la habitación con la mirada antes de fijarla en Limy y bajar su espada.

—Vengo buscando a un hombre que se dedica a vender niños como esclavos. ¿Sabes dónde está?

—Me lo comí.

—¿Ah?

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