sábado, 15 de agosto de 2020

Reencarné como una piedra - v2 - Prólogo

Prólogo


—Buenos días, maestro. 


—¡Oh!, Limy, ¿dormiste bien? 


Limy asintió en silencio y se levantó lentamente de la cama. Aunque su cara mantenía su inexpresividad, estaba claro que su cabeza estaba llena de dudas. Por primera vez en su vida había caído profundamente dormida junto a Aeldrya. Para un limo dormir no era algo normal, así que más o menos podía entender su preocupación...


—Tranquila, me aseguré de que esta pervertida no te hiciera nada raro mientras dormías.


—¡A quién llamas pervertida! ¡Y obviamente no le voy a hacer nada raro!


Por lo visto Aeldrya también se había levantado. Su expresión era amarga y parecía agotada a pesar de recién levantarse. Suspiró pesadamente mientras se rascaba su desaliñada cabeza y, después de estirarse, también se levantó de la cama.


—Lo que sea, no estoy de humor ni para discutir.


Después de que la elfa se arreglara un poco el cabello y la ropa, dejamos la posada. La mañana de un nuevo día había llegado, una mañana como cualquier otra. La vida en el pueblo era tranquila; nadie parecía haberse enterado del desastre ocurrido el día anterior. Tarde o temprano se darían cuenta de que una buena parte de las montañas había sido completamente arrasada... o quizás no. La mala hierba crece rápido y no tardaría en cubrir de nuevo la zona. Dentro de un tiempo ya no quedaría rastro alguno de la batalla.


«Probablemente está bien así.»  


Toda muestra del limo negro se había esfumado, cosa que hacía imposible demostrar su existencia. Aeldrya parecía preferirlo así. Dijo que si la gente se enteraba de la existencia de tal monstruo cerca de sus hogares terminaría aterrorizada, aunque dicho monstruo ya hubiese sido exterminado. Quizás podría recibir algún premio por parte del gremio si lo hacía público, pero tampoco parecía interesarle.


«Nunca entenderé que tiene esta elfa pervertida en la cabeza… o quizás sí, tentáculos nada más…» 


Dejando de lado a la elfa, Limy seguía preocupándome un poco, aunque no parecía haber nada raro en ella. Es más, al mirar su estado todo había regresado a la normalidad.



«Sus PS y PM se recuperaron por completo en una noche… No debo preocuparme, ¿verdad?»


No podía evitar recordar el momento en el que se comió el núcleo del limo negro. Limy se había derretido por completo durante unos minutos y su propio núcleo había desaparecido al mismo tiempo que su estado se vaciaba por completo. Además estaban esos mensajes que aparecieron justo después de caer dormida. Por un lado estaba esa habilidad oculta, que parecía ser la misma del limo negro, o al menos algo similar. Por otro lado estaba ese mensaje extraño sobre que había sido liberada de las limitaciones de creación.


«¿Significa eso que ahora es como cualquier otro monstruo normal?»


Solo el tiempo daría la respuesta… probablemente... por ahora tocaba centrarse en lo importante. Aeldrya había decidido no molestarse en seguir buscando limos metálicos y regresar directamente a casa. Ese moco negro probablemente había eliminado a todo monstruo de las montañas, así que no valía la pena perder el tiempo buscando.


Apenas había amanecido, pero para nosotros ya era hora de abandonar el pueblo. Si manteníamos el mismo ritmo que durante el viaje de ida nos costaría unos dos días de vuelta. 


«Si nos quedamos a pasar la noche en el mismo sitio que la otra vez podré ver de nuevo al viejo.»  


Debía admitir que tenía bastantes ganas de verlo lo antes posible. Cada minuto a su lado abría un nuevo mundo para mí, así que aunque fueran solo un par de horas quería seguir escuchando sus enseñanzas. Por mala suerte, parece que nuestra reunión tendría que retrasarse.


—Vamos a tomar un transporte de regreso a Cerbalón. Si conseguimos montarnos en un carruaje estaremos de vuelta antes de que termine el día.


Por un momento no pude procesar lo que acababa de escuchar. 


—¿Qué acabas de decir? ¿No volveremos andando?


—Estoy cansada, no tengo ganas de volver andando. Ahora mismo lo único que quiero es regresar a casa y descansar por lo que queda de día.


—¡¿Entonces por qué mierda vinimos andando?! ¡Me cago en ti, maldita elfa pervertida!


—Eso era entrenamiento para Limy, ¿por qué te quejas tú? Siquiera estás andando… ¡Y deja de llamarme así de una maldita vez!


No podía evitar maldecir a esa elfa. El viaje a pie había sido una pérdida de tiempo... aunque viendo el lado positivo, si no hubiéramos ido caminando no hubiese conocido al viejo. De todos modos, regresar directamente a Cerbalón no era tan malo. El viejo y yo acordamos reunirnos de nuevo allí dentro de unos cuantos días, así que de todos modos nos veríamos de nuevo… si nada problemático ocurría.


La elfa recorrió Claranara, preguntando aquí y allá si había algún transporte dispuesto a llevarnos a la capital. Yo estaba escondido dentro de Limy, como siempre, observando en silencio la espalda de la elfa.


«¿Podemos seguir viviendo en la ciudad como hasta ahora?»


A media mañana, por fin conseguimos encontrar un pequeño carruaje que se dirigía a la capital. Como imaginé, se trataba del típico carruaje tirado por caballos: un armazón de madera con una ventana a cada lado y un asiento para el conductor en la parte exterior delantera. Era pequeño y como mucho cabían dos personas sentadas una al lado de la otra, quizás una si su masa corporal supera el límite saludable. 


Después de que Aeldrya terminara las negociaciones con el conductor, nos subimos y emprendimos nuestro camino. Puesto que las ventanas no tenían cristales y se podía escuchar fácilmente todo lo que se hablara, la mayoría del trayecto lo pasamos prácticamente en silencio. Aeldrya parecía bastante pensativa e incluso habló menos que nunca. Sin duda, estaba pensando que hacer una vez llegáramos a Cerbalón. 


«Al final todo dependerá de ella...»  


Los minutos pasaron, luego las horas, y el viaje siguió sin señales de que nada entretenido fuera a ocurrir.


«Esto está siendo aburrido. Helpy, ¿conoces algún chiste?»  


[¿Qué le dice una piedra a otra piedra? La vida es dura.]


«¡Me cago en ti! ¿No tienes otro mejor?» 


[¿Qué es una gamba tirando piedras? Una gamberra.]


«¡Vete a...! En fin, basta de chistes por hoy… y para siempre…»


Tras pasar el viaje más aburrido de mi vida, contando árboles por el camino, llegamos a Cerbalón. Sinceramente, siquiera recuerdo cuantos llegué a contar. Creo que mi inexistente cerebro se bloqueó a medio camino...


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