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domingo, 7 de junio de 2020

Reencarné como una piedra - v1 - capítulo 21


21 - Como prometí...

Ignoré por el momento esa experiencia ganada de la nada y me centré de nuevo en los conejos. El gremio tenía misiones de todo tipo, esa en concreto era de recolección. A pesar de ser monstruos, esos conejos parecían ser comestibles y tener mejor sabor que uno normal. Por lo tanto, a más conejos cazados más dinero. El problema era que Aeldrya no se esperaba cazar tantos.

—No podemos cargar tantos con nosotros.

—Yo puedo…

No, no hables del espacio interno. Esa habilidad es mejor ocultarla.

Al final solo pudieron cargar con dificultad un total de diecinueve. Ya que estaban podrían haber intentado cargar uno más… Aún así, luego de dar media vuelta y emprender el camino de regreso, Limy alargó un tentáculo y almacenó los conejos restantes… Probablemente terminarían siendo su cena...

«Por lo menos a esta niña no hay que reñirle por dejarse cosas en el plato…»

[Has obtenido 100 de Experiencia.]

«Otra vez… ¿Debería alegrarme? Bueno, no pasará nada… espero…»

Nada más entramos a la ciudad empezamos a escuchar risas de fondo. La gente parecía encontrar gracioso ver a ese par cargando tanto cadáver de roedor, y ni hace falta decir cuanto se rieron los aventureros cuando llegamos al gremio. No obstante, yo no preste mucha atención, para ese momento ya había subido al nivel 4. Empezaba a tener un mal augurio…

—Aeldrya… se supone que tienes que enseñar a tu aprendiz, no hacer todo por ella —Clotpole rió irónicamente.

—Sé que cuesta de creer, pero los ha cazado sola —le respondió Aeldrya.

—¿Esta niña?¿Sola? Esto…¿Cómo?

—Prefiero no contarlo...

—Vale…. todos tenemos nuestros secretos. Aún así, son muchos. Déjame mirar si hay más peticiones iguales.

Fue entonces cuando descubrí por primera vez el sistema monetario del mundo. Pensé que usarían monedas de oro plata y cobre… pero no, usaban monedas de diferentes valores que probablemente estaban hechas de alguna aleación de cobre con algún que otro metal. Llamaron a ese dinero Talucos. Parecían ser las monedas propias del condado en el que nos encontrábamos, y tenían impresas en ellas la cara de un tipo muy feo…

Clotpole solo se quedó con quince de esos conejos monstruo. La misión pedía cinco, pero Aeldrya quiso traerlos todos diciendo que esa era una misión bastante común y podría haber demanda. Acertó por completo, había tres pedidos más… y por uno no consiguió completarlas todas… Ya sabía yo que debió haber alcanzado los veinte... Los otros cuatro le tocó quedárselos ella para la cena.

Terminados nuestros negocios en el gremio salimos del edificio. Nada más dar unos cuantos pasos nos encontramos un caos impresionante. Un montón de gente con túnicas azules y espectaculares báculos se dirigían a la puerta norte junto a guardias y otra gente cargando cubos de agua.

—¿Qué está pasando? —Aeldrya le preguntó a uno de los que corría hacia la puerta.

—Hay un gran incendio en el norte y cada vez se extiende más. No creo que llegue a cruzar la muralla, pero es peligroso. Tenemos que controlarlo como sea.

—¿Fuego en el norte? Si recién hemos venido de allí y estaba todo bien.

Al fijarme bien pude ver el humo levantarse por encima de las murallas… El fuego ya había llegado bastante cerca.

—Parece que hay dos incendios independientes extendiéndose por separado. Probablemente sea provocado o algún tonto habrá estado jugando con fuego sin tener cuidado.

—¿De verdad? Tiene que ser provocado. ¿Acaso habrá algún idiota que se pondría a encender hogueras durante esta época del año? La hierba está bastante seca y prende con facilidad. Muy tonto tendría que ser para no darse cuenta de eso.

[Experiencia obtenida: 64.]

«Vaya… parece que hay un pirómano suelto, ¿eh?… Me pregunto quién habrá sido... yo no lo sé…»

[Intentando recuperar sector de memoria perdido…….

Error, datos eliminados permanentemente para evitar dejar en ridículo a las existencias conocidas como “idiotas”.]

«¡¿Qué mierda se supone que significa eso?!»

[Llamarte idiota es un insulto a los idiotas.]

«Para qué pregunto…»

[Para entender lo idiota que eres.]

«¡Eso era una pregunta retórica!»

—Como nos enteremos de quién ha sido terminará él quemado.

«Venga, suerte con la búsqueda… y quemándolo… Eso será más difícil que encontrarlo… ¡Maldita sea! ¡Al final terminaré quemándolos yo a todos!»

[Experiencia obtenida: 64.]

[Título adquirido: Pirómano (Lvl -1).]

«Lo que me hacía falta para alegrar el día… ¡Que os den!»

Puesto que nosotros no teníamos nada que ver con el problema del fuego nos dirigimos hacia el sur de la ciudad. Aeldrya no dijo hacia dónde nos estaba llevando, pero no era su casa. Tras caminar durante diez minutos y adentrarnos en algunos callejones terminamos delante de una casa bastante normal.

—Aquí estamos… —dijo Aeldrya mientras miraba la entrada con las orejas caídas y cara de asco.

De dentro de la casa se escuchaba el sonido de un martillo golpeando metal. Al lado de la puerta había un pequeño dibujo de un yunque, dando a entender que eso era una herrería.

—Prometí darte un premio y voy a hacerlo. Todo aventurero necesita un buen equipo para triunfar. No importa lo fuerte que seas, sin una buena arma o armadura no llegarás lejos. Y después de haber visto tu estilo de combate… creo que necesitas algo especial que se adapte a ti. Las típicas espadas o lanzas no te valdrán de mucho… Este es el único lugar que puede hacerte un arma especializada para ti.

Volvió a mirar esa casa y rió irónicamente. Parecía estar algo preocupada por entrar en ese lugar.

—Hora de entrar...

Tomó aire profundamente y luego entró a la casa abriendo la puerta de una gran patada.

—¡Maldita sea! ¡¿Quié…?! —sonó una voz ronca desde el fondo de la casa.

—¡Estoy de vuelta! ¡Mueve tu culo gordo y ven a recibirme adecuadamente si no quieres hacerme enfadar!

No tardó en aparecer corriendo un hombre fornido, con una frondosa barba rojiza que le llegaba a los pies. Aunque había un pequeño detalle con ese hombre, no medía mucho más de ciento cuarenta centímetros. Lo mirara como lo mirase, era un genuino enano.

—¡Maldita sea! ¡¿Aeldrya, eres tú?!

Vino tan apresurado y nervioso que se tropezó con su propia barba y se cayó de morros, dejando volar un martillo que le cayó encima de la cabeza.

—¡Ai, esto duele!

—Con un cuerpo tan pequeño deberías poder mantener mejor el equilibrio. No me puedo creer que seas tan inútil incluso para andar. También te ayudaría si te quitaras esa cosa desagradable de tu cara… Da asco...

—¡Maldita elfa desvergonzada! ¡Es tu culpa! ¡¿Acaso pretendes matarme algún día de un susto?! ¡Entra como una persona normal!

—Sí, sí. Por cierto, tengo sed. Voy a por una cerveza.

Se adentró en la casa sin siquiera pedir permiso. Limy y yo no nos habíamos movido de la entrada ni un solo milímetro, intentando entender lo que estaba pasando. Ese enano se levantó remugando y se sentó en una silla que tenía por allí mientras esperaba que Aeldrya regresara.

Maestro…

No preguntes… Tampoco entiendo absolutamente nada…. Aunque tengo entendido que los enanos y los elfos no se soportan los unos a los otros… ¿Será eso?

Aeldrya no tardó en regresar con un par de cervezas. Le dio una al enano sin mediar palabra y se sentó a su lado. Ambos le echaron un gran trago. El enano se la terminó de golpe.

—Esta cerveza es asquerosa.

—¡Es la mejor que tengo!

—Pues es horrible.

—Esa lengua tuya solo sirve para hablar cosas sin sentido.

—Por lo menos yo puedo hablar sin un taburete.

—¿Con quién? Siquiera tienes amigos con quienes hablar.

—¡Y tu no tienes pecho! ¡Pecho plano!

—Pff, las tuyas tampoco es que sean muy grandes.

—Pero por lo menos tengo.

«Esto está tomando un rumbo muy raro…»

—¡Maldita elfa!

—¡Maldita enana!

«Un momento, ¿ha dicho enana? Enana… Enana… E...na...na.»


[Resistencia a la Demencia ha subido al nivel 4.]

—¡Ah! Se me olvidaba el motivo por el que vine. Limy, ¿qué haces aún fuera? Entra de una vez.

Al fin se acordaron de nosotros, que seguíamos parados en la entrada.

—¿Quién es esta niña?

—Pues… es... mi aprendiz... Se llama Limy.

—¡¿Tú con una aprendiz?! ¡Es el fin del mundo!

—Sí, sí… Limy, esta es Imliar. Es mi mejor amiga y la mejor herrera que encontrarás jamás.

¿Mejor amiga? Vale, eso lo explica todo.

Por fin logré entender la actitud que tenían la una con la otra… Podría haber empezado explicándolo, por un momento llegué a pensar que la elfa pervertida se había vuelto loca.

Maestro, ¿no deberían los amigos llevarse bien?

Sí, bueno… A ver cómo te explico esto para que lo entiendas... Cuando un amigo tropieza y se cae le ayudarás y le preguntas si se ha hecho daño... Cuando eso le pasa a tu mejor amigo te descojonas de él.

Entendido, maestro.

—Y no solo eso, es la única herrera rúnica que encontrarás en esta ciudad… También es la persona más cascarrabias que conozco.

—Gracias por el cumplido… ambos cumplidos. Y dime, ¿qué se supone que necesitas que haga esta vez?

—Puesto que es mi primer aprendiz quiero que tenga buen equipo. Necesito que le hagas una arma que se adapte a ella.

—Solo me vienes a buscar para pedirme cosas y robar cerveza… Bien, dime qué arma sería.

Aeldrya rió irónicamente durante unos instantes y finalmente dejó caer un suspiro abatida.

—Pues... creo que el arma que mejor se le adapta sería un látigo.

—¿Un látigo? ¿Es una broma? Ningún herrero te hará un látigo. Tampoco me parece la mejor arma para un aventurero. Esas cosas pueden ser útiles contra personas o monstruos de bajo grado. Contra monstruos más fuertes no les haría ni cosquillas.

—Por eso acudo a ti. No hay nadie más que pueda crear uno lo suficientemente fuerte como para sustituir una espada o lanza.

Imliar se quedó mirando a Limy con el cejo fruncido, frotándose la barba. Arrugó la frente con una desagradable expresión y luego, sin decir nada, se fue hacia la parte trasera de la casa.

—Sabía que podía confiar en ella —dijo Aeldrya con una sonrisa.

Tras unos cinco minutos de espera regresó con un papel y se lo entregó a Aeldrya. Esta se lo empezó a leer y poco a poco pude ver como su expresión contenta se volvía una de miedo.

—¿Esto va en serio?

—Completamente. Si quieres que haga lo que me pides necesitaré esos materiales. No se me ocurre otra manera de cumplir tu pedido.

—Ja… ja… ja… Esto va a costar… Limy, vayámonos... Tocará salir de viaje durante unos días.

—Entendido.

Salimos de de la herrería y regresamos a casa directamente. Lo primero que hizo Aeldrya fue sacar un mapa y ponerse pensativa mientras lo miraba y susurraba cosas sin sentido.

—El mercurio alquímico lo podemos comprar… Polvo de refinamiento superior también y no será difícil de conseguir… Para estos tres los tendremos que cazar nosotras… Además un núcleo de un monstruo ameboide de grado tres o superior… ¡¿Dónde se supone que encuentre eso?! ¿Valdrá un limo metálico? Espero que sí…

Me da la sensación que va a ser complicado hacerte esa arma. Quizás deberíamos decirle que no hace falta... Por lo menos no algo que parece tan complicado de hacer.

—No necesito un arma.

Aeldrya dejó de lado el mapa y suspiró mientras miraba a Limy con una cara seria.

—Quizás ahora te vaya bien con una arma del montón, pero si aspiras a llegar lejos como aventurera te será completamente inútil.

Se levantó y fue a buscar algo en la habitación donde guardaba las armas. Luego apareció con un arco y una espada completamente distintos a los que había estado usando hasta el momento. El arco era negro y tenía un montón de caracteres azules brillantes dibujados por todos lados. La hoja de la espada reflejaba todo a su alrededor como un espejo de metal pulido y compartía esos mismos caracteres en la empuñadura.

—Normalmente no voy por la ciudad con estas armas ya que son mis más valiosos compañeros. Imliar hizo estas armas cuando aún era una aventurera de rango dos. Sin ellas nunca habría alcanzado el rango tres.

Las dejó encima de la mesa. Probablemente mañana las traería con ella. Ademas también estaba esa daga que llevaba en la cintura. Era completamente diferente a las armas que había traído, pero me llamó la atención que a diferencia de todas las demás la llevara siempre encima y no la mencionara. No la había sacado de la funda, así que realmente tampoco podía decir mucho de ella. 

—¿Sabés lo fuerte que es un monstruo de grado 3?

—No.

—Pues deberías saberlo. La gente normalmente necesita reunirse en grupo para enfrentarse a esos monstruos. Para que te hagas una idea, yo soy nivel 23 y tengo de clase arquera mágica al nivel 7. Mis estadísticas más altas son la agilidad en 54 y la vitalidad en 58. Mis otras estadísticas están en 16, 24 y 39. ¿Te parecen altas?

Limy asintió. A mí también me lo parecían…

—Pues no lo son.

«¡Yo tengo 0 en casi todo! ¡No me jodas, maldita elfa!»

—El arquero mágico es una clase superior que solo los sabnuriali podemos conseguir. Los bonos de estadísticas que da son un poco mejores a las clases comunes, y da muchas habilidades increíbles. A parte de eso, a diferencia de los humanos, los Sabnuriali conseguimos 3 puntos de habilidad por nivel. Solo por nuestra especie y raza ya somos 3 veces más fuertes que un humano.

«Ahora entiendo porque Clotpole dijo que todo el mundo la odiaba… ¡Yo también empiezo a odiarla!»

—Pues ahora vamos a un monstruo de grado 3 de nivel bajo. Por supuesto, no todos tienen las mismas, pero con el simple nivel uno algunos ya llegan a los 100 puntos. Y si nos vamos a uno de nivel alto, llegan a superar los 3000 puntos. ¿Te haces una idea de cómo son los de rango 4?

Enseguida me vino a la mente ese maldito pajarraco que enfrenté en la mazmorra. Si hubiera podido habría empezado a sudar a chorros. Si ese era de grado 3… yo había sobrevivido de milagro... 

Limy…

Dime, maestro.

¡Consigue que te haga la mejor arma que haya forjado en su maldita vida!

martes, 2 de junio de 2020

Reencarné como una piedra - v1 - capítulo 20


20 - Mi nueva clase

A primera hora de la mañana Aeldrya ya estaba en pie. Cuando entró en la habitación donde Limy pasó la noche se sorprendió bastante, no se esperaba verla despierta antes que ella. Normal, después de todo, ni ella ni yo dormíamos.

El plan para el día era empezar la misión que dejamos de lado el día anterior. Lo primero que hicimos fue ir a por armas. Ya que Aeldrya tenía una habitación llena de ellas nos ahorramos el engorro de ir a comprar de nuevas.

—Veamos que encontramos para ti. No creo tener ninguna armadura que se adapte a tu estatura, aunque si solo vamos a cazar conejos no la necesitarás. Contra esos monstruos es mejor tener buena movilidad a una buena defensa. Sobre el arma… Son difíciles de cazar con una espada, lo mejor sería usar un arco. El problema es que no vas a poder usarlo bien en tu condición.

Empezó a rebuscar en todo su arsenal y al final regresó con una daga, una espada corta y un arco. Todas esas armas tenían una gran calidad. La espada que habíamos tomado prestada de esos ladrones parecía un simple juguete a su lado.

—Pero no está de más intentarlo.

—Entendido.

Tras equiparse las tres cosas fuimos al gremio de aventureros y tomamos la misión. Mientras Aeldrya se disponía a hacer la petición nosotros nos quedamos esperando. Aproveché para escuchar hablar a los demás aventureros… Puede que sea de mala educación meterse en conversaciones ajenas, pero necesitaba tanta información como fuera posible, información de calidad. Abrí mis oídos y me dispuse a captar cualquier cosa a mi alrededor.

—Me han salido hemorroides.

—¿De verdad? Bua, eso te tiene que doler… Yo una vez eché tal truño que terminé con el culo roto. Aún recuerdo cuanto sufrí durante esos días.

—No compares. Las hemorroides son más dolorosas que eso.

«¡Justamente esa información no la necesitaba!»

Durante un momento creí que no valía la pena seguir escuchando nada de esa pandilla de energúmenos que llenaban el local. No obstante, otra conversación cercana llamó mi atención.

—¿Te enteraste de las noticias? Volvemos a estar bajo ataque y el imperio no manda ayuda por mucho que el conde la pida.

—Siempre estamos igual. Ese crío de mierda no se preocupa por nosotros. Ojala muera él y su grandísimo imperio. Estoy seguro de que el condado de Talucay podría mantenerse en pie incluso sin pertenecer a este maldito imperio.

—Tienes razón. De todos modos son pequeños grupos que apenas hacen nada más que molestar, y aunque haya incursiones constantes dudo que se atrevan a atacar Cerbalón. En realidad es muy difícil que las tropas alcancen siquiera la muralla exterior y mucho menos que la consigan pasar. Y si lo hacen, aquí les esperaremos.

—Concuerdo con eso. Esta ciudad es la más segura del condado.

Por fin me enteré de cuál era el lugar en el que me encontraba. Por lo visto estaba en un condado llamado Talucay y esta ciudad parecía ser la capital, Cerbalón.

—Todo listo, nos vamos.

Aeldrya no tardó en volver. Nos dirigimos hacia la salida norte de la ciudad. Puesto que no estaba muy lejos no tardamos en salir de ella y adentrarnos en una gran pradera llena de hierba alta.

—Limy, este lugar está plagado de esos conejos monstruosos. Cuestan un poco de encontrar entre toda esta maleza, pero teniendo en cuenta mis dotes de rastreo no tardaremos en encontrarlos.

—Allí hay uno.

Limy señaló hacia un punto lejano.

—No te las des de sabelotodo, niña. Es imposible que notes algo antes que yo… Pues es verdad, hay uno…

—Allí hay otro. En esa dirección hay cinco más. Detrás nuestro...

Aeldrya se quedó mirando de reojo a Limy con una mueca desagradable.

—No me puedo creer que puedas rastrear presas mejor que yo… sin ver.

—No hay problema.

—En fin, mira esto.

Cogió su arco y preparó una flecha. Tras apuntar a lo que para mí parecía ser un lugar completamente vacío la dejó volar. La flecha desapareció en medio de la vegetación sin dejar rastro.

—Vamos.

Cuando llegamos al lugar en el que cayó la flecha encontramos un conejo con patas de insecto bastante desagradables... y una flecha clavada… en medio del culo.

—Ya es casualidad que le diera justo allí…

«¿De verdad no lo hiciste queriendo?»

—Como sea —Aeldrya recogió el conejo y recuperó la flecha—. Esta es la mejor manera de cazarlos. Para mí es fácil, pero completamente inútil. Siquiera me dan experiencia y después de todo esta es tu misión. Te toca hacerlo a ti.

—Entendido.

Limy preparó el arco y la imitó. Al igual que Aeldrya, disparó una flecha hacia un lugar en el que yo no podía ver nada. No obstante, a diferencia de la elfa, se escuchó el sonido de algo moviéndose entre la maleza y un conejo saltó por encima de la hierba antes de escapar hacia la lejanía. Aeldrya parecía contenta al ver eso. Hasta dio un pequeño suspiro de alivio.

«Te deprimiría que fuera capaz de cazarlos con tu misma facilidad, ¿verdad?»

—Venga, si eres capaz de cazar más diez tu sola antes de que sea hora de comer te daré un premio. Puedes usar cualquier método que quieras, no hace falta que sea el arco.

—Entendido.

Maldita pervertida, ¿qué se creé? Vamos Limy, voy a sujetarlos con mi magia y tú los cazas.

No te preocupes, maestro. Quiero hacerlo yo.

… Como quieras, te lo dejo todo a ti. Bueno, entonces déjame por aquí sin que se de cuenta. Yo iré a explorar un poco por mi cuenta.

Entendido, maestro.

Salí de dentro de Limy y me escabullí entre la maleza sin que Aeldrya se diera cuenta.

Te voy a dejar sola unas cuantas horas, recuerda todo lo que te he dicho y no dejes que nadie se de cuenta de que eres un limo.

Por supuesto, maestro.

Me alejé rápidamente del lugar. Quería ver un poco más de las cercanías de la ciudad. No obstante, kilómetros a la redonda todo parecía ser una pradera bastante extensa. Probablemente no había muchos peligros cerca de los asentamientos humanos. No lo habrían construido allí de no ser el caso.

«¡Oh! Me acabo de acordar de algo. ¡Estado!»



Hacía tiempo que había maximizado el trabajo de aprendiz de mago. Probablemente ya era hora de cambiarlo o empezar otro.

«Helpy, muestra trabajos disponibles.»

[Clases disponibles:
    • Mago
    • Hechicero de tierra.
    • Adepto.
    • Parásito.
    • Artillero.
___________________]

«Sigo con los mismos que antes y aparecen dos nuevos para reemplazar al aprendiz de mago, no está mal… ¡Por fin aparece el de mago! Dame información de esos dos.»

[Mago: Un estudioso de la magia en general. En combate se especializa en el uso de poderosos hechizos para destruir a sus oponentes.

Hechicero de tierra: Alguien que se ha desviado del sendero del mago para especializarse en un solo tipo de magia, la de tierra. A costa de dejar de lado otras ramas de la magia el poder de sus hechizos de elemento tierra supera por mucho a los de un mago.]

«Mmmm, eso del hechicero no tiene mal aspecto… pero me fastidiaría bastante limitarme únicamente a la magia de tierra. Aún tengo pensado aprender otra magia lo antes posible. Voy a optar por el mago.»

Y así fue como me volví oficialmente un mago. En el mismo momento que cambié el trabajo aparecieron cuatro mensajes a la vez.

[Magia adquirida: Bola de fuego (Lvl - 1)]
[Magia adquirida: Bala de aire (Lvl - 1)]
[Magia adquirida: Cañón de agua (Lvl - 1)]
[Habilidad de clase adquirida: Analizar magia (Lvl - 1)]

«Helpy, ¿por qué aprendí esas cuatro cosas?»

[Al adquirir una clase se consiguen mejoras gracias a esta.

En el caso del mago se aprende instantáneamente los hechizos básicos de ataque mágico: Bola de fuego, Bala de aire, Cañón de agua y Lanzar piedra. Cada ciertos niveles también se consiguen habilidades especiales únicas de la clase. 

La habilidad Analizar magia permite reconocer la estructura de los hechizos con solo verlos y así dar al mago la oportunidad de aprenderlos por sí mismo.]

«Ya veo… Parece interesante. Por fin mi sueño se hizo realidad, ¡soy un mago!»

Estaba emocionado. Lo que más ganas tenía de hacer era probar mis nuevas magias. Quizás eran lo básico de lo básico, pero era algo nuevo y eso siempre da ganas de ver.

La de lanzar piedra ya me la conocía demasiado bien. Reí irónicamente al pensar que mi magia más usada para moverme se trataba de la magia básica de ataque del elemento tierra.

«Ahora mismo ya no sé si debería considerar eso un ataque mágico o físico… Bueno, no vale la pena pensar en ello... Veamos de que son capaces las otras magias.»

Lo primero que hice fue mirar cómo era la bala de aire. Busqué algo a lo que poder disparar; encontré un pequeño árbol solitario a pocos metros.

«Parece que vas a ser mi diana.»

Rodé hasta estar a unos cinco metros suyo.

«Lo siento, no es personal, pero te vas a convertir en el objetivo de mis ataques. Espero que puedas perdonarme algún día.»

¿Qué pasa? ¿Estoy loco por hablarle a un árbol? ¡Yo soy una maldita piedra viviente! No voy a decir nada más al respecto…

«Veamos cuán parecida a una bala de verdad es esta magia.»

En el momento que activé la magia se levantó una pequeña brisa delante de mí y salió disparada hacia la diana… Le dejó un corte poco profundo en la corteza.

«¡¿Qué mierda de ataque es este?! Bueno…. por lo menos es invisible….»

A mi modo de ver solo era algo más fuerte que un golpe con un martillo. Bueno, eso era bastante fuerte si le atizabas en la cabeza de alguien y, teniendo en cuenta que era un golpe que no se podía ver, en realidad resultó ser relativamente buen ataque.

El siguiente fue el cañón de agua. Al igual que con el aire, en el momento que usé la magia el agua empezó a acumularse delante de mí. Tras unos pocos segundos formó una pelota del tamaño de un balón de fútbol que salió disparado por el aire, hasta estrellarse en el tronco del pequeño árbol, partiéndolo por la mitad.

«¡Bua! ¡Eso sí que tiene una fuerza decente, aunque es un ataque algo lento si lo comparamos con el anterior… Puede ser bastante previsible y fácil de esquivar… Bueno, queda… pero ya no tengo diana...»

Me alejé del lugar en busca de otro objetivo. Por suerte, antes de talar inútilmente otro árbol, encontré uno de esos conejos saltamontes.

[Conejo patalangosta: Monstruos con cuerpo de conejo y patas de langosta. No son muy fuertes y su único ataque se basa en embestir a sus enemigos con un fuerte salto.]



«Pues sí que es un monstruo débil. Un humano normal es prácticamente igual de fuerte... Aunque esa agilidad asusta un poco…»

Al acercarme pareció notar mi presencia y se levantó a dos patas. Se quedó mirando hacia mí mientras meneaba su nariz como si oliera algo. Puesto que lo único que vio fue una piedra no salió corriendo al momento. Aún así, parecía estar completamente alerta.

«Conejo frito… En algunos países también se fríen langostas, ¿verdad? Esta oferta de dos por uno les encantaría.»

Esperé que bajara un poco la guardia y, en el momento que se despistó y se dio la vuelta, disparé la bola de fuego. La llama voló a toda velocidad hacia él, impactándole de lleno. El golpe en sí no fue exageradamente fuerte, pero las llamas lo envolvieron al momento, cosa que lo mató prácticamente en el acto. Incluso después de muerto siguió ardiendo.

[Has obtenido 121 de Experiencia.]

«¡Este ataque sí que me gusta! Pensar que la comúnmente conocida como magia básica de los magos sería así de fuerte… Ja, ja, ja, ja, ¡por fin algo decente para luchar!»

Contento con el resultado, di media vuelta y seguí mi exploración. Por el camino encontré otro conejo… y también lo freí. Después de todo era experiencia, y en ese momento volvía a ser un maldito nivel 1. Quería aprovechar para subir de nuevo mi nivel, pero no fui capaz de encontrar más monstruos. Antes de darme cuenta el sol ya estaba en lo más alto, cosa que indicaba medio día.

«Helpy, ¿qué te parece, volvemos con Limy?... No... mejor no respondas.»

No puse mucha atención en el camino que recorrí, pero gracias a tener un mapa pude volver con facilidad a la ciudad. Tras preguntar a Limy dónde se encontraban, regresé con esas dos.

Hola, maestro.

Ehm… ¿Todo eso lo cazaste tú?

Sí. Fueron fáciles de atrapar usando mis tentáculos.

Ya… tus tentáculos…

Lo que me encontré fue una montaña con más de cincuenta conejos amontonados.

—No es justo... —dijo Aeldrya, mirando esa montaña de conejos, con aspecto abatido.

¿Y ella por qué parece tan deprimida? ¿Le hiciste algo? Aunque quizás no quiero saber… La ignorancia a veces es una bendición...

No, está así desde que paramos de cazarlos.

¿Quizás está deprimida porque esperaba que no pudieras cazarlos y ahora se ve inferior?

Su cara, completamente roja, mostraba una extraña mueca desagradable.

«Vale… sea por el motivo que sea... no quiero saberlo…»

Por cierto, ¿subiste de nivel cazándolos?

Sí, subí al 5.

Ya veo.

[Has obtenido 121 de Experiencia.]
[Tu nivel ha subido a 2. A causa de tu especie las estadísticas no suben.]

«¿Eh? ¿Por qué subí yo de nivel? ¡Ah! Mierda…»