Reencarné como una piedra - v1 - Capítulo 23


23 - Encuentro inesperado

Una puerta se abrió en el interior de una oscura sala iluminada por unas pequeñas antorchas que únicamente permitían ver a un par de hombres sentados delante de una mesa llena de gruesos libros. Ambos llevaban una máscara que les cubría la mitad del rostro y una capucha, impidiendo asegurar exactamente qué tipo de seres eran. Lo único que los permitía diferenciarlos entre ellos era el emblema que tenían bordado en sus túnicas, una luna creciente con un cuerno, una ala de murciélago y una cola terminada con forma de corazón, con la diferencia que en medio de la luna tenían un número distinto.

Los dos dejaron de leer y se fijaron en la puerta, por la que otro hombre vestido igual entraba tranquilamente. Llevaba el mismo traje y en su emblema estaba el número 3. Cualquiera que los viera pensaría directamente que pertenecían a algún tipo de culto o organización secreta… o simplemente eran tres locos que estaban como una cabra y se las querían dar de misteriosos… de todos modos parecía ser la primera… probablemente...

—Parece que hemos perdido uno de los núcleos que preparamos —anunció el hombre que acababa de entrar.

Uno de los dos hombres que estaban sentados cerró su libro y se levantó. En el centro de la luna se podía ver el número 1.

—¿Quién lo ha perdido?

—No recuerdo su nombre, es uno de los diablos que se unió hace poco.

El hombre del número 1 suspiró pesadamente.

—Ese estúpido, le dije que no hiciera la mazmorra cerca de una ciudad. Aunque Talucay sea la parte más abandonada de Brifvia, su capital sigue siendo una gran y próspera ciudad. No es algo impensable que haya alguien fuerte cerca.

Su actitud era más de preocupación que de molestia. Viéndolo, el otro hombre también cerró su libro.

—Perder uno de los núcleos es un problema, pero no creo que haya que preocuparse mucho. Ese tipo la acababa de crear, así que es probable que no la tuviera muy defendida. Probablemente algún grupo afortunado al encontró y pudo limpiarla con facilidad. De todos modos no podemos descuidarnos con las demás.

El hombre del número 1 no parecía estar completamente de acuerdo con esas palabras, pero asintió.

—Cierto, si no recuerdo mal hay unas cuantas más por el condado de Talucay, y son las más grandes de todas las que preparamos. No podemos dejar que las descubran aún.

—¿Entonces qué hacemos? —preguntó el del número 3.

—Por el momento vamos a ganar tiempo. ¿Cuál es el estado de esa cosa asquerosa?

—Aún está en fase de crecimiento, pero ya es bastante fuerte.

—Entonces vamos a usarla ya. ¿Cuánto nos costaría llegar a la zona más cercana de Talucay desde aquí?

—Si vamos volando podemos llegar hasta el otro lado del abismo en menos de un día.

El hombre del número 1 asintió nuevamente.

—Entonces por el momento soltad a esa cosa en la zona más alejada de la las mazmorras lo antes posible, sin llamar la atención.

—Creo que hay un grupo de minas abandonadas en la parte sur de Talucay, que se quede por allí un par de días y luego se dirija hacia algún pueblo cercano. Estoy seguro de que causará el suficiente alboroto como para que no se fijen en las mazmorras —añadió el del número 2.

—Buena idea, hagamos eso —aceptó el del número 1.

Los otros dos hombres asintieron y salieron de la sala. Mientras, el se quedó pensativo.

—De todos modos eso ha sido demasiado rápido. ¿Habrán sido esos dos? No, no deberían estar por la cercanía de Cerbalón… Tengo un mal presentimiento, espero estar equivocado…

***

Tras llegar al pueblo buscamos una posada y decidimos pasar la noche en ella. Puesto que Aeldrya pidió una habitación para dos, Limy se vio obligada a hacer como que dormía… Le tocaba pasar toda la noche sin hacer nada… No obstante, yo estaba ya harto de pasarme el día escondido, así que decidí salir a una incursión nocturna.

Cuando Aeldrya se durmió del todo, le pedí a Limy que me bajara por la ventana. Empecé a recorrer el pueblo con entusiasmo, aunque tampoco había mucho para ver. Las luces de todas las casas eran inexistentes, así que todo el mundo probablemente estaba durmiendo ya. Supongo que era la vida típica de la edad media…

—Shhh, no hagas ruido.

Al pasar por un pequeño callejón un susurro me llamó la atención. Al mirar hacia el origen vi un chico y a una chica de probablemente unos dieciséis años. Se adentraron en los callejones sigilosamente, saliendo rápidamente de mi vista.

«¿Qué estarán haciendo?»

Sentí curiosidad, así que quise seguirlos para comprobar que no hicieran nada raro. Pensé que los había perdido, pero empecé a escuchar ruidos desde la dirección en la que se fueron. No dudé en acercarme al lugar desde el que provenían lo que parecían ser fuertes golpes contra una pared junto a unos extraños jadeos.

«¡Aaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Malditos pubertos indecentes! ¡Parad de hacer eso ahora mismo!»

Me quedé congelado al ver lo que tenía delante… Completamente ajenos a mi presencia, siguieron con lo suyo...

—¿No puedes poner más fuerza? Así nunca llegarás.

—Uf, uf, uf, no puedo más. Déjame descansar un poco.

—Si acabamos de empezar. Como quieras, seguiré solo.

—¡Es demasiado grande! ¡No puedo con ella!

«¡Jodidos criajos del demonio! ¡¿De verdad os parece decente hacer eso a estas horas de la noche?! Un momento… ¡tampoco es decente hacer esto durante el día!»

Mi rabia subió hasta tal punto que no pude aguantar salir disparado y pararme a su lado.

«¡Dejad de lanzar piedras a las ventanas! ¡Pensad en los sentimientos de las piedras! Bueno... ¡y los de las ventanas también!»

—Si fueran las otras que encontramos no podrían romper ese cristal. Estas son un poco grandes, pero son las únicas que tenemos.

—¿Tanto quieres molestar a ese viejo?

—Por supuesto. Es gracioso ver como se enfada.

Ambos estaban lanzando unas piedras más grandes que yo hacía una ventana bastante alta de una de las casas medio escondida en el callejón.

—Mira allí —me señaló el chico—. No me fijé en que había una de ese tamaño. ¡Con esta si que podremos!

«¿Eh?»

Absorto en mis maldiciones hacia ese par, me despisté. El chico me cogió y me lanzó con todas sus fuerzas hacia la ventana.

«¡Waaaaaaaaaaaaa!»

Volé directo hacia ella y pasé a través sin mucha dificultad, entrando en la casa con un gran ruido de cristales rotos.

—¡Malditos sinvergüenza! ¡Ya os enseñaré un día de estos a comportaros!

La voz de un hombre se escuchó desde la otra punta de la casa, junto a las risas de ambos jóvenes largándose a toda velocidad. No tardó en entrar en la habitación un viejo con una lámpara de aceite.

—Otra vez molestando. Sus padres deberían educarlos mejor.

Se acercó a la ventana con una expresión de decepción más que de enfado. Suspiró un poco al ver la ventana rota, que con un simple movimiento de su mano volvió a la normalidad.

«¿Qué mierda...?»

En ese momento se giró, me miró, y yo le miré a él. Era un viejo terriblemente arrugado, prácticamente calvo. A pesar de no tener casi pelos en la cabeza aún conservaba una frondosa barba completamente blanca. Vestía una fina ropa de cuerpo entero que probablemente usaba para dormir... La visión era algo desagradable…


—Ya me estoy cansando de que me lancen piedras…. Un momento….

Su mirada me hizo sentir bastante preocupado, así que decidí ver su estado.


«¡¿Qué mierda es este estado?! ¡¿Por qué no puedo verlo?!»

Era la segunda vez que no podía ver un estado… cosa que significaba...

—No eres una simple piedra, ¿verdad?

«Soy una piedra, una piedra, ¡una simple piedra!»

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