Reencarné como una piedra - v1 - Capítulo 19


19 - Aventurera por sorpresa

El interior del edificio era exactamente como me imaginé que sería un gremio de aventureros, una gran sala completamente llena de hombres ruidosos con mal aspecto. En la pared derecha se podía apreciar un enorme panel lleno de papeles colgados. Mucha de esa gente estaba parada delante suyo. No había duda, eso eran las misiones del gremio.

Acabamos de entrar en el lugar más peligroso en el que podríamos haber entrado jamás… No te separes ni un milímetro de Aeldrya.

Siguiendo a la elfa, cruzamos esa gran sala hasta llegar al final, donde se encontraban tres hombres tras un mostrador. Concretamente, en el que se paró Aeldrya había un hombre gordo bastante feo… Me esperaba alguna chica gato de buen ver, pero no, solo había un gordo seboso.

—Hola Aeldrya, ¿cómo te fue?

—Hola Clotpole. Pues esta vez mal. Ese maldito Buttom escapó. Me tocará seguir buscando.

—Sí, suerte con ello.

«Yo también te deseo mucha suerte… Limy no caga, así que ni en mierda lo encontrarás.»

—Por cierto, ¿y esa niña? Se ve un poco extraña.

—La encontré mientras buscaba a ese secuestrador de niños. Parece que no tiene a dónde ir, así que la llevé conmigo.

—Ya veo, pero creo que no es buena idea llevarla al gremio de aventureros. A no ser... ¿Tienes planeado que sea una aventurera como tú?

—Para nada. Simplemente no quería dejarla sola hasta encontrar a alguien con quien se pueda quedar.

—¿Los aventureros se comen?

Todo el mundo se giró para mirar a Limy como si hubiera hecho la pregunta más estúpida del mundo… Lo peor es que en su caso la respuesta probablemente sería un sí...

No sería problema si solo fueran esos dos quienes se giraron, pero se giró todo el mundo que pudo escucharla. Y no respondieron de buenas maneras exactamente.

—Niña, ¿acaso eres estúpida?

—¡Un crío no debería estar en este lugar!

—¡Vete a comer mierda!

—¡Callad todos de una maldita vez! —gritó Aeldrya.

Tras escuchar a la elfa gritar todos se callaron con un poco de miedo en su mirada y se alejaron. Realmente Aeldrya parecía ser un peso pesado entre ellos.

—A ver, Limy, los aventureros somos gente que nos dedicamos a cumplir encargos peligrosos de todo tipo. Digamos que somos mercenarios más orientados al trabajo de campo en lugar de a las luchas o la guerra.

—Entonces se comen.

—¡No se comen! —le gritaron los dos a la vez.

—Ja ja ja, encontraste a una niña bastante peculiar. Niña, ¿quieres ser una aventurera?

—Vale.

La niña sin cerebro aceptó al momento, sin siquiera mostrar un signo de duda.

¡Nada de vale! ¿Estas loca? Eres un limo. ¿Dónde se ha visto un limo cazando otros monstruos?

Pero…

—¡Ni hablar!

Por suerte Aeldrya pensó igual que yo.

—Además eres demasiado pequeña. Uno no puede ser aventurero hasta por lo menos los 16. ¿No es así, Clotpole? ¿Para qué le dices eso?

—Bueno, eso es cierto… pero si quedara bajo tu cuidado por lo menos podría empezar como aprendiz. Después de todo eres de rango 3. En ese rango se te permite tener aprendices.

—No debería haberla traído… Aún así…

Aeldrya se quedó mirando en silencio a Limy, arrugando la frente durante un buen rato. Al final dio un gran suspiro y dejó caer sus hombros con pesadez.

—Está bien. La verdad es que me recuerdas mucho a cuando yo llegué a este país.... Supongo que lo puedo permitir.

Ves, maestro, está bien.

Un día me vas a matar de un disgusto…

Suspiré, aunque al final tampoco me pude negar. Después de todo me hubiera gustado a mí tomar ese lugar… ¡Lo que sentía era envidia!

—Felicidades niña, te volviste la aprendiz de la sexta mejor aventurera del gremio.

—Eso no es verdad. Apenas soy nivel 23, hay bastantes más de rango 3 con más nivel que yo. Y ni hablemos de ese par de monstruos de rango 4.

—Tu nivel 23 es como el 46 de un humano o más. No se puede ni comparar.

—Por eso lo digo, el simple hecho de haber alcanzado el mismo rango que yo siendo humanos ya demuestra que son mejores —dijo Aeldrya con una sonrisa melancólica.

—Diciendo estas cosas solo conseguirás que la gente te odie más de lo que ya lo hace… Bueno, vamos a registrar a esta niña. Veamos, el nombre era Limy. Especie, humano... Humano, ¿verdad?

—Lim...

¡Humano! ¡Humano! ¡Humano, maldita sea!

—¡Humano, maldita sea!

¡Solo humano!

—Vale, vale, no te enfades. ¿Y de raza? Con ese cabello azul no creo que seas de Brifvia. ¿Qué pone en tu estado?

—Nada.

Otra vez, ambos se quedaron completamente sorprendidos al escucharla. Al menos conseguí que no dijera “Limo azul”, aunque “nada” quizás tampoco fue la mejor respuesta… Por suerte no parecieron darle mucha importancia.

—… Parece que eres una persona realmente especial. Bueno, vamos a ver qué afinidad tienes y qué clases están disponibles para ti.

Lo siguiente que hizo Clotpole fue sacar dos extraños aparatos. El primero era un círculo lleno de gemas de distintos colores. Limy puso la mano en el medio y esperó a ver qué pasaba… Nada cambió.

—¿Estará roto? —Aeldrya preguntó al mismo tiempo que ponía su mano en el aparato.

Las gemas de color verde, gris, azul y roja se iluminaron. Esos colores parecían representar los elementos naturaleza, viento, agua y fuego.

—No, funciona perfectamente… Entonces significa que no tienes afinidad a nada. Eso también es un caso muy raro, aunque no imposible —dijo ese hombre mientras guardaba ese trasto.

«Mierda, me habría gustado usarlo yo…»

Lo siguiente que sacó fue una especie de bola de cristal, parecida a las que se usan en adivinación. Como antes, Limy puso su mano encima de ese cristal y esperó… para que nada pasara.

—Mmm, parece que no tienes disponible ninguna clase aún… Que le vamos a hacer. Una última cosa, ¿qué nivel eres? —preguntó de nuevo ese hombre.

—Dos.

—Esperemos que al nivel 5 desbloquees alguna, aunque normalmente al nivel 2 ya deberías tener... 

«Oye Helpy, ¿es normal eso?»

[Los limos son una especie muy extensa y dividida. Existen limos de todo tipo de elemento, grado y peligrosidad. Cada uno de ellos tiene una afinidad y habilidades completamente distintas. Lo único que comparten es su incapacidad para evolucionar y su límite de nivel inferior a 20. Los limos azules son el escalón más bajo de esta familia. Su límite de nivel es 15 y no poseen afinidad a nada.

Estos limos solo son usados como muros de carne para ralentizar a la gente. Por eso, crear un limo azul élite es la estupidez más grande que hay. Solo alguien con un cerebro de piedra lo haría. La mejor opción sería deshacerse de una vez de tal monstruo inútil.]

«¡No me voy a deshacer de Limy! Maldita sea, Helpy… En fin, lo de la clase será por lo mismo supongo.»

[Los monstruos normalmente no son capaces de adquirir clases. Aunque sea posible que haya excepciones y algunos puedan poseer alguna por su especie, los inútiles limos azules…]

«¡Ya! ¡Ya! ¡Me ha quedado claro!»

—Esto está listo. Puesto que aún eres un aprendiz no podemos darte una identificación oficial. Tendrás que hacer las cosas acompañada de Aeldrya durante un tiempo, hasta que te ganes la oportunidad de ascender a aventurero de rango 1.

—Entendido.

—¡Ah, sí!, los rangos van del 1 al 5. Es más o menos como con los monstruos. Básicamente sirve para demostrar tu fuerza. Ser rango 1 significa que estás preparado para enfrentar monstruos de grado 1 sin ayuda. Rango 2 que puedes enfrentar a los monstruos de grado 2. Llegar a rango dos no es tan difícil, pero a partir de ahí la dificultad se dispara bastante. Los que llegan a rango 4 son puros monstruos y rango 5 se pueden llegar a considerar armas con patas. La cantidad de gente que alcanzó ese rango en todo el mundo se puede contar con los dedos y ninguno de ellos es humano. Bueno… uno… pero no tengo muy claro si se lo podría considerar completamente humano...

«¿Eso significa que yo me puedo considerar rango 3?»

[Tu fuerza está años luz de un monstruo de grado 3. Solo has tenido suerte y peleado como un cobarde.]

«Gracias… Aunque... es verdad…»

—Pues ya está hecho… —Aeldrya dejó escapar un corto suspiro— Vamos a buscarte algo con lo que empezar. Aún es pronto, con lo que podemos tomar un pequeño entrenamiento inicial. Vamos a por alguna misión fácil y rápida.

Nos apartamos del mostrador y fuimos hacia el panel que contenía las misiones. Estaban divididas por rango en distintos paneles, y cada uno de ellos tenía tres apartados con colores distintos: verde, amarillo y rojo.

—¿Ves el de más a la izquierda? Ve allí y coge una de las de color verde.

Limy se acercó y cogió la primera que se le puso por delante, sin siquiera pararse a mirar qué ponía ni el color…

Limy, te ha dicho verde.

—Esa es de color rojo, no quieras hacer cosas difíciles de primer momento. De paso solo vamos a estar unas horas. Es demasiado tarde como para perder mucho tiempo en una roja aunque sea de rango 1. Es más, ¿siquiera te paraste a leer qué pone?

—No puedo.

—¡Ah! ¿No sabes leer?

—No puedo.

—Haberlo dicho antes. Ya te busco yo… Tendré que enseñarte a leer.

Se adelantó ella misma y se puso a mirar las misiones, hasta que encontró una que parecía gustarle.

—Cazar unos conejos patalangosta… Estos pueden ser algo difíciles de atrapar, pero no son peligrosos y viven en la cercanía de la ciudad… Un momento… ¿por qué pillaste una roja si te dije verde? Y eso que dijiste que no sabias el color… No será…

Volvió corriendo hacia Limy y se agachó hasta tenerla a la altura de su cabeza. Se quedó mirando fijamente a sus ojos desde apenas un palmo de distancia…

—Esos ojos… No me digas que no puedes ver…

—No.

«¿Qué? Helpy...»

[Los limos azules son ciegos. Pueden liberar su propio maná y detectar obstáculos a su alrededor y la formas de estos, pero su rango está limitado a 40 metros.

Por lo menos pueden sentir el maná de otros con claridad dentro de ese rango y, en niveles superiores al 10, seguir rastros de maná hasta 500 metros o más.]

Se me olvidó por completo la descripción de los limos…

¿De verdad no tienes sentido alguno? Ni vista, ni tacto, ni gusto, ni olfato, ni… Un momento, puedes oír, ¿verdad?

La habilidad mímica me permite imitar un poco las capacidades de en lo que me transformo. Con el nivel actual puedo escuchar y hablar, pero no tengo vista ni gusto.

Ya veo…

—¿Cómo pretendes ser una aventurera si no puedes ver? Vamos a darte de baja ahora mismo.

—No hay problema. Puedo saber lo que hay a mi alrededor con facilidad. No ver no es un inconveniente.

Aeldrya la miró con los ojos entrecerrados. Dudo un poco antes de hablar de nuevo.

—Necesito comprobar eso antes de aceptarlo. Dejamos las misiones para mañana. Hoy vamos a ver si eres capaz o no.

Volvió a dejar la misión en su sitio y empezó a arrastrar a Limy hacia la salida. Sin embargo, antes de salir nos cruzamos a un par de chicas. Una era delgada y vestía una túnica de color blanco. Su cabello, al igual que sus ojos, era marrón y estaba cortado a la altura de los hombros. Su busto no destacaba mucho y parecía tener unos 16 años.


Por lo visto era una sacerdotisa. Su aspecto ya lo daba a entender solo con mirarla.

La otra chica vestía un conjunto de armadura ligera, ropa con placas de hierro pegadas que cubrían el pecho, las partes externas de las extremidades superiores y las piernas casi por completo. Sin duda sería una guerrera. Su cabello era corto y de color negro. Aparentaba unos 20.


Ambas se detuvieron al ver a Aeldrya y a Limy. Las dos parecían sorprendidas al verla junto a una niña.

—Hey, Aeldrya, ¿qué haces con una niña? —preguntó la guerrera.

—¿No me digas que la has tomado como aprendiz? —se acercó la sacerdotisa.

—Por el momento… pero tengo que verificar si es capaz de luchar. Si no es capaz la haré renunciar hoy mismo.

—Aún así es extraño verte junto a una niña. ¿Cómo ha pasado esto? —volvió a decir la guerrera.

—En mi última misión la encontré secuestrada y la ayudé. Además… han pasado algunas cosas que han terminado haciéndola mi aprendiz.

—Pobrecita, ¿tienes familia? —dijo la sacerdotisa mientras sonreía amablemente.

Se agachó y acarició el pelo de Limy. Rápidamente se detuvo y deformó su sonrisa de manera extraña, como si hubiera tocado algo asqueroso… pero sin parar de sonreír del todo...

—Tu cabello se siente raro…

«Mierda…»

—Tengo a mi maestro.

—Mmm, ahora que lo pienso, ya lo mencionaste anteriormente. ¿Quién es tu maestro?

—La persona que ha estado conmigo toda mi vida.

—Así que tienes alguien con quien regresar. Cuéntame un poco de esa persona que permitió que te capturasen, te llevaré con él —dijo Aeldrya con la cara ensombrecida.

—Mi maestro es fuerte, siempre está duro y le gusta mucho estar dentro de mí.

¡No les digas eso! ¡De todas las frases que podías elegir has usado la que peor suena! ¡¿De verdad no lo haces queriendo?!

Las tres se quedaron más de piedra que yo. La guerrera tenía cara de terror puro, la sacerdotisa seguía sonríendo con una extraña mueca y un terrible tick en el ojo. Aeldrya…

—Limy… ¡te quedas a vivir conmigo para siempre! ¡No acepto no por respuesta!

«Siento que acabo de perder toda mi reputación… ¡Dios, déjame llorar! ¡No pido nada más que mi capacidad de llorar!»

Seguido de eso nos fuimos hacia afuera de la ciudad. Ese par nos siguieron. Según ellas era curiosidad por ver qué tipo de aprendiz aceptó Aeldrya.

—Como te dije, antes de que siquiera te permita ser aprendiz tengo que verificar que de verdad puedes apañártelas aún sin poder ver.

Cogió una rama que encontró por el suelo y se acercó a Limy.

—Voy a golpearte con esto, tú tienes que esquivar los golpes. No te preocupes, lo haré a baja velocidad y flojo para no hacerte mucho daño.

—Entendido.

Como dijo, empezó a atacar a Limy con el palo. Realmente golpeó bastante lento, aunque igual se sorprendió mucho cuando Limy lo evitó como si nada. No tener vista era una desventaja tremenda, pero teniendo en cuenta que podía saber todo lo que pasaba a su alrededor su capacidad de pelea a corta distancia superaba de lejos la vista. Podía notar un ataque desde todas direcciones. Al mismo tiempo, su agilidad tampoco era baja. Evitar esos ataques era como jugar con un niño.

—Bien, voy a hacerlo más rápido.

Aeldrya aumentó varias veces la velocidad, hasta que se dio por satisfecha.

—Tienes una buena habilidad ahí. Quién hubiera dicho que aprenderías algo tan útil gracias a no ver. Aún así sigue siendo una gran desventaja.

Seguido le lanzó el palo a Limy.

—Ahora enséñame que tal te manejas tú.

Se invirtió el atacante con el defensor. Obviamente, los 16 puntos de agilidad de Limy no podían competir contra los 54 de Aeldrya, así que ese palo ni se le acercó. Aún así esa elfa pareció estar satisfecha. Por el otro lado, la guerrera miraba moverse a Limy asombrada.

—Supongo que no está mal...

—¿Qué no está mal? ¡Esa niña es casi tan rápida como yo!

—¿En serio? Limy, ¿tienes habilidades que te mejoran el cuerpo?

—No, no tengo ninguna. Solo tengo esto —dijo Limy, mostrando su imitación de guante.

Todas se quedaron mirando su mano con un poco de asco en su cara. No puedo criticarlo, se veía como un moco pegado encima de su piel…

—¿Qué se supone que es esa cosa con tan mal aspecto? —preguntó Aeldrya sin perder la cara de asco.

—Un objeto mágico.

—¡Oh! ¿De dónde lo sacaste? —se acercó intrigada la sacerdotisa.

—Lo hizo mi maestro.

—Tu maestro… —dijo Aeldrya, con una sonrisa irónica.

—¿Podemos ver cómo funciona? —preguntó la guerrera, acercándose a ver el guante de cerca.

—Entendido.

Limy apuntó a las tres chicas y usó “su guante mágico” antes de que me diera tiempo a impedirlo... Multitud de tentáculos se dirigieron a las tres chicas. Incapaces de reaccionar a tiempo, fueron rodeadas por ellos y mi reputación, ya por el suelo, se hundió por debajo del nivel del mar...

—¡Aaaaaaaaaaaaaaa! —gritó Aeldrya al ser atrapada.

—¿Qué es esta cosa asquerosa? —agregó la guerrera mientras intentaba quitárselos a la fuerza.

—¡Aparta eso de mí! ¡Sacármelo de encima! ¡Noooooooo! ¡Quitármelooooooooo! —lloraba la sacerdotisa indefensa.

¡No, Limy! ¡Pa…! No… sigue… ¡¿Qué digo?! ¡Para ahora mismo! Pero quiero ver esto… no, ¡tienes que parar! O quizás no sea tanto problema… ¡Aaaaaaaaaaaaaaa! ¡No sé qué quiero!

Al final los tentáculos pararon y soltaron a las chicas con toda la ropa pringada… La guerrera y la sacerdotisa salieron corriendo aterrorizadas, medio llorando… Solo quedó Aeldrya, a quien le fallaron las piernas y quedó sentada con la mirada perdida en el infinito. No reaccionó durante un buen rato.
«¿Estará bien?»

—Limy…

Por fin centró su mirada en Limy, con la cara un poco sonrojada.

—Tu maestro no haría un par de estos, ¿verdad?

El silencio reinó durante unos momentos, mientras el viento hacía sonar un silbido.

Limy, fíjate bien en esto, no se ve todo los días.

¿El qué maestro?

El nacimiento de una pervertida… Ni se te ocurra seguir su ejemplo.

Entendido, maestro.

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