Reencarné como una piedra - v1 - Capítulo 11


11 - Una clase para una piedra

Mi búsqueda por el desierto continuó día y noche sin descanso. A mi parecer ya había recorrido prácticamente toda la zona. Encontré algunos cactus más y, aunque la mayoría al final no murieron, conseguí subir igualmente al nivel 13.

Mi miedo había desaparecido por completo a causa de no encontrar monstruos diferentes a esos malditos hierbajos con pinchos. Sin embargo, a parte suyo no vi nada más que pura arena, pero por fin había encontrado un terreno diferente, uno con grandes piedras tiradas por todos lados.

«Probablemente las escaleras estarán construidas en terreno firme, no encima de la arena misma. Sí, no hay duda, han de estar por esta zona.»

Si mi intuición no fallaba, pronto desaparecería por completo la arena y empezaría un suelo rocoso. No quería bajar de piso hasta subir por lo menos hasta el nivel 15, pero renuncié tras no encontrar nada más que esos cactus. Además...


«Para subir al 14 necesito 38893 de experiencia... ¡Es demasiado! ¡Si no estuviera matando enemigos de prácticamente 20 niveles más y dos grados superiores a mí no podría alcanzarlo en la vida! ¡¿No hay algún método para hacerme más fuerte a parte de subiendo de nivel?!»

[Adquiriendo una clase.]

Me frené en seco. Callé por completo mis pensamientos y me quedé un rato simplemente escuchando el sonido del silencio a mi alrededor.

«Helpy, preciosa, cariño mío, pequeña dulzura… ¡¿por qué no me lo dijiste antes?!»

[No preguntaste.]

«Pues también es verdad… pero… ¡Muestra mis clases disponibles!»

Una pantalla con distintas opciones se abrió delante mío. Todo ese maldito tiempo estuve mirando el estado en el que se mostraba claramente la parte de “Clases” en blanco y nunca se me ocurrió pensar en que podría ser así de fácil seleccionar una.

[Clases disponibles:
    • Iniciado en la magia.
    • Aprendiz de mago.
    • Adepto.
    • Parásito.
    • Artillero.
___________________]

«¿Solo estas? Aunque por lo menos no hay ninguna clase de risa como “pisapapeles”...»

[Las clases se desbloquean en el momento en que se cumplen las condiciones necesarias: estadísticas, habilidades, títulos o condiciones especiales.]

«Vale, esto es algo difícil de asimilar. Las dos primeras son bastante simples de comprender… Las dos últimas también puedo hacerme a la idea de por qué están ahí… ¡¿Pero qué mierda es eso de adepto?! Un segundo… ¿Adepto como de una secta? No me digas que… ¿Es por lo de racista? ¡No soy un racista! No me metas en algo como el ku klux klan... He de encontrar la manera de deshacerme de este título… Anda, dame un poco más de información sobre cada clase.»

[Iniciado en la magia: Alguien que recién se adentra en el mundo mágico y aún no ha decidido el camino a recorrer en él o no posee las cualidades necesarias para lo que quiere.

Aprendiz de mago: El primer paso antes de considerarse un mago hecho y derecho. Una clase de aprendizaje para decidir si seguir por el sendero general del mago o especializarse en alguna rama en concreto.

Adepto: Información insuficiente.

Parásito: Información insuficiente.

Artillero: Información insuficiente.]

«¿Qué mierda? ¿Por qué no hay información sobre esas tres clases? ¡Ah!, ya veo… no son comunes en este mundo. Probablemente sean clases especiales que poca gente tiene… o quizás directamente nadie...»

Por sus nombres se podía deducir que eran una clase de origen religioso, parecida a un clérigo oscuro, otra dedicada a robar de los demás, y finalmente una especializada en explosiones. Teniendo en cuenta que no ponía algo como iniciado o aprendiz como en las otras, probablemente eran de rango superior. Quizás serían bastante poderosas los tres...

«Admito que tengo curiosidad, pero me gusta ir a lo seguro... Prefiero quedarme con algo que conozco bastante bien, el aprendiz de mago. Después de todo, ser mago siempre fue uno de mis sueños.»

[¿Quieres incluir Aprendiz de mago como clase activa?]

«Por supuesto.»

[Se ha agregado Aprendiz de mago a la lista de clases.
Iniciado en la magia se ha quitado de la lista de clases disponibles.

Bonos por nivel:
    • +1 Intelecto.
    • +2 Poder mágico.

Recalculando estadísticas.]

Enseguida abrí el estado.


Por fin pude ver un incremento en mis estadísticas. Si pudiera llorar lo habría hecho hasta volver ese desierto un magnífico prado de hierba verde. Era poco, pero era algo. Ese 22 de Poder mágico ya significaba que mis ataques harían algo más de daño a los monstruos.

«Ya veo, así funcionan las clases. Me recuerda un poco a los juegos de rol de mesa.»

Conseguir una clase parecía fácil a causa de mi situación… pero en realidad no lo era. Los requisitos no eran tan fáciles de cumplir como parecía, incluso resultó en que elegir una te podría dejar sin la posibilidad de elegir otra. No era algo que se pudiera hacer sin pensar.

También parecía existir la opción de multiclase, pero la descarté al momento. Si te centras en muchas cosas a la vez siempre terminas ralentizando tu crecimiento. Ese camino solo vale la pena si aspiras a alguna clase avanzada que requiera tener varias en concreto para poder adquirirla, como probablemente sería el caballero mágico… pero como empuñar una espada estaba fuera de cuestión… Pues eso… ¡a tope con el mago!

«Ojala hubiera sabido esto antes…»

[No preguntaste.]

«¡Eso ya lo dijiste! Y aunque no preguntara, ¿no pensaste en…? ¡Waaaaaaaaaaaaaaaaaa!»

Convencido de que no vivía nada en este desierto a parte de cactus, y estando completamente empanado mirando la pantalla de estado, no me di cuenta de una sombra de algo que revoloteaba por encima mío. Un maldito pajarraco me cogió y me llevó hacia el cielo con él.

«Otro pajarraco de mierda… más feo que el anterior… Además hay varios…»

[Buitre cabeza de cuchilla: Ave monstruosa que ataca en grupo a los despistados viajeros del desierto. Puede producir veneno y almacenarlo en la bolsa de su cuello para dispararlo más adelante.]




Lo de cabeza de cuchilla sin duda provenía de un extraño cuerno que les crecía en la cabeza. En lugar de ser cónico, era triangular y plano. Parecía estar bastante afilado… aunque me fijé más en una bolsa que le colgaba en el cuello. Se podría decir que era como la de un pavo… pero a mí me recordaba más a algo que cuelga justamente en el otro lado del cuerpo de un hombre.

«Cada vez estos monstruos son más deformes.»

Sus niveles eran bastante altos, además de ser un complicado tres contra uno. No obstante, a diferencia de los cactus, a estos los podía matar directamente. Calmé mi mente como pude y me preparé para la batalla.

«Maldito cuellihuevo, ¡suéltame joder!»

Desaté el parasitar a toda potencia. El buitre reaccionó como si sufriera una terrible descarga eléctrica. Tal sacudida le hizo perder fuerza en su agarre y me soltó…

«¡Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!»

¡Paff!

En segundos caí de morros contra la arena. Quedé enterrado hasta algo más de la mitad, pero no me hice absolutamente nada. Mientras, los tres empezaron a volar dando vueltas encima mío como suelen hacer los buitres normales mientras esperan a que su presa muera… con una pequeña diferencia, empezaron a escupir.

«¡Ostia, puta!»

Levanté la arena para cubrirme de la lluvia de veneno. Estaba convencido de que simple veneno no me haría absolutamente nada, pero no pensaba dejarme tocar por un líquido de procedencia desconocida, almacenado dentro de una bolsa con forma dudosa que colgaba de la garganta de un buitre… ¡No y simplemente no! ¡Era asqueroso!

Al ver que sus escupitajos no llegaban a nada decidieron lanzarse a atacar con sus cuernos.

«Eso, venid a por mí. La pelea contra ese jefe de piso fue un desastre, pero esta vez es distinto. ¡Estáis en mi territorio, todo a mi alrededor es mi arma! ¡Soy Pedro del desierto!»

Empecé a levantar grandes cantidades de la arena que me rodeaba. A diferencia de la tierra o las rocas, que quedaban bastante compactas y no podían cambiarse de forma al momento, la arena tomaba casi al instante el aspecto que quería. Era realmente fácil y rápida de moldear, aunque no pudiera mantener su forma durante mucho tiempo.

«Llegáis en el momento oportuno. No os hacéis ni la menor idea de lo necesitado que estoy. Tenía ganas de encontrarme con algún enemigo lo antes posible.»

Moldear tierra no tenía la precisión necesaria para crear cosas con alta definición como serían por ejemplo estatuas, pero todo lo demás no era un problema. La arena que levanté empezó a separarse. Al instante tenía más de diez tentáculos de arena levantándose directamente hacia los buitres que bajaban en picado. El grupo se cruzó de frente con ellos, momento que aproveché para enredar la arena alrededor de sus deformes cuellos.

«Dejadme enseñaros una cosa que hacen ciertos parientes vuestros llamados avestruces.»

Usando a mi favor la inercia de su descenso, tiré de ellos hacia el suelo. Su cabeza golpeó con fuerza en la arena y, ayudada por su cuerno, se enterró profundamente hasta el punto de que no podían sacarla. Además me aseguré de que no podrían al mantenerla en su sitio con todo mi poder restante.

«Si una planta puede morir al ser enterrada, un buitre también.»

[Has obtenido 10404 de experiencia.]
[Has obtenido 13689 de experiencia.]
[Has obtenido 11664 de experiencia.]
[Tu nivel ha subido a 14. A causa de tu especie las estadísticas no suben.]

Quedé bastante satisfecho al ver los mensajes de siempre, aunque no salió por ningún lado que la clase subiera de nivel.

«¿Acaso no suma experiencia a la clase?»

[La experiencia de una clase sube al realizar ciertas acciones características de esta, como estudiar magia o entrenar el cuerpo. También es posible obtener puntos extra al luchar usando habilidades específicas de la clase.]

«No me jodas… ¡Estado!»

Al abrir el estado lo que me encontré fue que había obtenido apenas treinta puntos de experiencia en el aprendiz de mago. De todos modos, comparado con lo que pedía subir el nivel, esos cien puntos eran una miseria.

«Supongo que no está tan mal, al menos esto lo podré subir por mi cuenta. Además el terreno es perfecto, simplemente por moverme iré consiguiendo experiencia.»

Empecé a rodar de nuevo hacia adelante nuevamente de buen humor, dejando atrás tres bonitos arbustos recién plantados. Como esperaba, no tardé en encontrar las escaleras.

«Perfecto, no parece haber jefe de piso.»

Me dejé caer por ellas silbando por no tener que pelear contra algo que podría haber sido mucho más peligroso que ese pajarraco del piso anterior. Bajé escalón por escalón… hasta llegar a uno por el que simplemente resbalé sin control.

«¡Waaaaaaaaaaaaaaaaa!»

¡Paf!

De nuevo quedé enterrado hasta la mitad… en otro tipo de “arena”. Un entorno completamente blanco se extendía por delante mío.

«¡Buaaaaaaa! ¡¿Qué hace aquí un puto glaciar?! ¡Un puto glaciar después de un desierto! ¡El clima en este lugar no tiene sentido!»

Anteriormente deseé poder llorar, pero en este momento quizás fue una bendición no poder hacerlo…

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